“Tuve que pelearla”: fue la chica más malvada de la TV argentina, logró reinventarse y cumplió su sueño de ser madre en Ucrania
Si bien muchos la conocen por haber interpretado a la malvada Etelvina Baldasarre en la tira de los años ochenta Señorita maestra, lo cierto es que Laura Tuny (53) hace más de dos décadas que brilla como cantante pop, desde que lanzó su primer disco, Mi sello en tu piel, en 2006 . De hecho, su pasión por la música nació incluso antes de ser elegida para la famosa novela. “Estuve en Cantaniño dos temporadas y grabamos dos discos”, dice orgullosa mientras muestra una foto de su paso por el popular grupo infantil. La artista desembarcó en la televisión en 1977 de la mano del famoso pediatra Mario Socolinsky.

“Mi papá era médico cardiólogo y columnista de su programa, La salud de nuestros hijos. Me llevaba de modelo con mi hermana para tomar la presión, hacer electrocardiogramas y ahí hablaba de cardiología. Era muy divertido. En ese mismo estudio, también se grababa Cantaniño. Así empecé”, recuerda la actriz, quien comparte su vida junto a su marido, Claudio Braslavsky, y su hija Shirley (8), nacida a través de un vientre subrogado en Ucrania.

–¿Y cómo llegaste a Señorita maestra ?
–Nosotros éramos muy amigos de la familia del actor Emilio Comte y de muchos de otros artistas de la época, así que enseguida nos enteramos del casting. Yo era muy expresiva, no les tenía miedo a las cámaras y estaba un poco más habituada a un estudio de televisión. Recité una poesía y me fue bien.
–¿Qué recuerdos te quedan de esos años?
–Fue una hermosa época, formamos un grupo de amigos muy lindo… La verdad es que la pasamos muy bien. Me acuerdo que después del colegio nos pasaba a buscar un auto, comíamos ahí y grabábamos más o menos seis horas. Cuando llegaba a casa me ponía a estudiar temas del colegio y del programa. Era intenso, pero tampoco lo sentí como una realidad sacrificada, simplemente es la niñez que tuve. Extraordinaria y distinta.

–La tira fue todo un éxito. ¿Cómo viviste esa fama y popularidad?
–Fue muy bizarro todo. Los que seguían la novela me buscaban en la guía telefónica y llamaban a casa todo tiempo, nos volvían locos. Además de la tele, también hacíamos teatro, nos íbamos de gira y eso creo que nos hizo más conocidos. Muchas veces nos tenían que sacar por la puerta trasera del teatro y subirnos a los micros porque el público se volvía loco, te arrancaban los pelos, la ropa. Nos acompañaba gente de seguridad para contener un poco la situación.
–Vos tenías un personaje bravo también…
–Sí, me encantó y cada día me gustaba más. Todo lo que no podía hacer o decir en la vida real, mi personaje lo llevaba al extremo, casi te diría que rozaba con lo caricaturesco. Una chiquita no podía ser así de malvada. [Se ríe].

–¿Y cuál era la reacción de la gente?
–La gente amaba el personaje. Al día de hoy, cuando descubren quién soy, me dicen que les doy ternura. Creo que tiene que ver con esa nostalgia que provoca recordar esos momentos de la televisión que directamente nos conecta a nuestra infancia. La gente lo recuerda con mucho amor.
–Después de ese programa, ¿qué pasó?
–La tira duró tres años. Después participé en Clave de Sol, Alta comedia y El sodero de mi vida. Pero hacer carrera en televisión es como subirse a una montaña rusa. La fama duró apenas un rato. Después tuve que pelearla mucho para cumplir mis sueños.

–¿Cómo viviste el cambio hacia una vida con otro ritmo, más alejada de los focos?
–Con mucha tranquilidad. Lo bueno es que yo tuve la suerte de tener una familia detrás que me contuvo mucho. Si no estás bien parada, todo eso te desequilibra un poco. Yo pasé de ser muy popular a que después muchos no me conocieran. Siempre quise dedicarme a esto y creo que por eso nunca bajé los brazos. En una época di clases de salsa, estudié baile y empecé a hacer música, tratando de abrirme camino.
–¿Extrañabas el fervor anterior?
–Sí, obvio… pero también lo sentí como parte de un proceso. “Ahora me toca transitar este camino y de esta manera”.

–¿Sentiste que te quedaste atrapada en ese personaje?
–Un poco sí. De hecho, hasta el día de hoy sigo siendo Etelvina y no Laura. Es difícil para la gente sacarte de ese lugar y eso te juega en contra. A muchos les costaba imaginarme haciendo otra cosa que no fuera actuar y eso me forzaba a demostrar todo el tiempo lo que era capaz de hacer.
–Pero seguiste adelante dedicándote a la música.
–Exacto. No esperé que nadie me llamara, empecé a construir mi propio destino y para ello, me preparé mucho. Yo ya había escrito canciones y cuando me sentí realmente preparada para mostrarlo, busqué a las personas más profesionales para que me acompañaran a cumplir mi sueño. Saqué mi primer disco hace veinte años y sigo trabajando en mi carrera musical.
-¿Te resulta un desafío sostener tu carrera musical en el tiempo?
–Sí, es muy difícil no querer bajar los brazos en algún momento. Eso sí, nunca tuve dudas de lo que quería hacer… Gracias a Dios, lo pude concretar, poquito o mucho, siempre pude seguir dedicándome a la música. A veces todo se hace cuesta arriba, pero la verdad es que soy una persona muy positiva, que va para adelante. Eso, en algún punto, me ayudó a levantarme las mil veces que me caí. Mi marido a veces me dice: “¿Todavía no te cansaste?”. Y yo le contesto que no, que no puedo. No es que yo elijo hacer esto, yo soy esto. Cantar es parte de mi forma de ser.

–Tu música llegó a Hollywood.
–Sí, en 2012 escribí una canción para la película infantil Golden Winter. Me dijeron que tenía una semana para hacerla y tenía que escribirla en inglés. Y como soy arriesgada y me gustan los desafíos, les dije que sí. Por suerte, les gustó y de hecho, no sólo la pusieron en el momento de los créditos –ese era el acuerdo–, sino que terminaron poniéndola en medio de la película. También escribí una canción, “Tu momento”, para la película Sharknado 3, que tuvo mucho éxito.
–¿Qué te provoca la música?
–La música es algo muy personal, dejás tu corazón en cada canción. Cuando hacés un personaje, te convocan para ser alguien que nada tiene que ver con vos. La música, en cambio, soy yo; me permite expresarme a través de las letras.
–A lo largo de tu carrera, siempre estuvo presente tu deseo de ser madre…
–Uf, sí. Con Claudio estuvimos cinco años intentando ser padres, congelé óvulos en Estados Unidos y probé tratamientos in vitro, pero no resultaron. Yo igual seguía aferrada a ese sueño, siempre había querido ser mamá, así que traté de hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que eso sucediera.

–¿Cuándo empezaste a pensar en la subrogación de vientre?
–Cuando entendí que no había posibilidad de que yo tuviera en mi vientre a mi hija, empecé a estudiar otras alternativas. La subrogación de vientre en Estados Unidos estaba bastante desarrollada, pero era un disparate lo que costaba. En Internet descubrí que desde hacía tiempo Ucrania también lo estaba haciendo. Entonces empezamos a investigar cómo era ese proceso.
–¿Y cómo fue?
–Fue a través de una agencia, todo bajo un marco legal. Viajamos varias veces y ya en el último tramo de la gestante, alquilamos por un mes un departamento en Ucrania. Nos recontra preparamos, incluso tomamos clases de ucraniano. [Se ríe].
–¿Ya habías pensado en nombres?
–Sí, incluso antes de iniciar el proceso. Y cuando supimos que era mujer le dije a mi marido que quería que se llamara Shirley, quiere decir ‘mi canto’ en hebreo. Me pareció que era un nombre que lo tenía todo.
–¿Cómo es Shirley?
–Es buena y muy inteligente, hace poco ganó el concurso literario de primer grado escribiendo un cuento. Es muy expresiva, le gusta mucho escribir.
–¿Creés que va a seguir un camino artístico como vos?
–Ojalá que no. [Se ríe]. Después de todo lo que pasé, sé muy bien de sufrimientos, de altibajos, de inestabilidad… Si yo veo que es su sueño y que realmente es algo que adora hacer, la voy a apoyar ciento por ciento. Pero ojalá que no porque no quiero que sufra.

