Tiene 52 años, no podía respirar y hoy comparte su historia de resiliencia con final feliz

Germán Fredes tiene 52 años, es de La Plata y vive con su pareja. Es músico, bandoneonista profesional. Estudia música desde los 8 años y, para él, la música es su vida. Hace seis años le diagnosticaron poliposis nasal severa y desde entonces atravesó un camino muy largo. Se trata de una enfermedad que provoca la inflamación crónica de la mucosa nasal y los senos paranasales que provoca el crecimiento de pequeñas masas blandas que obstruyen y generan una pérdida de olfato, además de presión facial.

Todo empezó mientras estaba de gira en España. “Me encontré en una situación compleja: no tenía un médico de confianza y decidí volver a la Argentina. Eso implicó postergar y finalmente perder ese trabajo, pero en ese momento la salud era prioridad”, recuerda Germán y reconoce: “la enfermedad me detuvo la vida”.

No podía trabajar con regularidad, una situación que terminó afectando su economía diaria, entre otros problemas que alteraron su calidad de vida. En definitiva, a los temas económicos se sumó el no descanso: “Dormía mal, a las tres de la mañana estaba con el nebulizador. Vivía con estrés y depresión; no veía futuro”, recuerda hoy más aliviado gracias a un tratamiento que controla los síntomas y preserva la calidad de vida.

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Marcela Soria, especialista en alergia y jefa del servicio de Alergia en el HIGA San Martín, de La Plata, reconoce que la rinosinusitis crónica con pólipos nasales se relaciona directamente con la severidad y con el deterioro en la calidad de vida de los pacientes. “Por eso es imprescindible hacer un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado para cada paciente”, agrega la especialista, haciendo alusión a que est 20 de abril es el Día Mundial de la Poliposis Nasal, una enfermedad que también causa la pérdida del olfato.

De hecho, Germán lo perdió. Es decir no sentía su propio olor ni el de las cosas que lo rodeaban. “Me bañaba más seguido porque creía que tenía olor. Una vez se quemó una silla en mi casa y me di cuenta por el humo, no por el olor. El gusto de la comida -y, en cierto modo, el gusto por la vida- también se habían apagado”, reflexiona.

La Poliposis Nasal es una enfermedad que también causa la pérdida del olfato

“Sin olfato, el café sabe distinto, un abrazo se percibe incompleto y los recuerdos se tornan más lejanos, reconoce Soria e insiste en un deterioro en la calidad de vida del paciente, ya que está íntimamente relacionada con la seguridad, con los recuerdos y las emociones.

Por esta razón, los tratamientos medicinales son fundamentales y la innovación en salud cobra sentido cuando se traduce en una mejora real y concreta en la vida de las personas. “Su importancia se vuelve tangible cuando la investigación clínica logra convertir una necesidad no resuelta en una nueva posibilidad para los pacientes”, reflexiona Carolina Martinenghi, Directora de Comunicaciones de CAEMe, Cámara Argentina de Especialidades Medicinales y agrega que es esa oportunidad de recuperar bienestar, autonomía y la posibilidad de volver a proyectar la vida la que reafirma el valor de seguir innovando en salud”.

El recorrido de Germán no fue fácil. Su nueva realidad lo llevó a consultar a varios profesionales, que le indicaban infiltraciones y corticoides, pero es diabético y le elevaban mucho la glucemia. Pasaron dos años y no encontraba solución hasta que llegó al hospital público de La Plata, donde dio “con el equipo de profesionales indicado”. Fueron cuatro años de intervenciones quirúrgicas. Las primeras cirugías resolvieron lo inmediato: volver a respirar. “Yo no podía dormir, no tenía una vida normal”, recuerda. Sin embargo, a los pocos meses el problema reaparecía y el proceso era muy traumático: internaciones, prequirúrgicos y estrés familiar.

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“En una de las operaciones llegué a perder mucha sangre porque la zona ya estaba muy sensible. Me decían que en mi caso era probable que tuviera que operarme todos los años”, sigue el relato de una historia que inspira pese a los traspiés.

Hace tres años, después de varias cirugías, los médicos le propusieron probar un tratamiento con el que comenzó a notar cambios. A los 15 días desapareció la secreción constante y dejó de vivir con pañuelos en los bolsillos.

“Una noche preparé mi té con limón, como siempre. Sentí una amargura distinta y, casi por instinto, lo olí. Hacía seis o siete años que no tenía olfato. Esa noche volví a sentir el aroma del limón. No dormí: estaba eufórico”, relata aún hoy emocionado.

“Empecé a oler distintas cosas en mi casa para confirmar que era real. Recuperar el olfato fue recuperar esperanza. Dejé de programar cirugías. Las tomografías empezaron a salir casi normales. Los médicos me dicen que están muy bien”, remarca. Soria reconoce que “recuperar le olfato es recuperar seguridad, placer y memoria”.

Germán hoy sigue muy bien y con muchos aprendizajes en el camino: cambió su relación con los demás, su familia está feliz y volvió a planificar proyectos; inclusive está organizando una nueva gira. “Pasé de sobrevivir a sentirme vivo. Cuando uno pierde la salud, entiende lo que vale. Yo aprendí que no hay que bajar los brazos”, reflexiona reconociendo que en estas situaciones uno se acostumbra al dolor y lo normaliza, pero “se puede estar mejor. Informarse, hablar con los médicos y sostener la esperanza es fundamental. Hay otra forma de vivir posible”, concluye.

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