Poderosa inseguridad

“Que yo sea paranoico no quiere decir que no me persiguen”, se le atribuye haber dicho al rocker suicida Kurt Cobain. Aunque la frase no le pertenece y sobran los que la han hecho propia, antes y después. Sobre todo, entre los poderosos de turno. Demasiadas veces. Como justificativo de sus malas horas, de la necesidad de blindaje y por su invalidez para la autocrítica.

Lo supo hace más de 400 años William Shakespeare. El dramaturgo que se adelantó a los politólogos. Y resuena por acá, en estos días, con su Enrique IV, torturado por el insomnio. Retratado en una frase: “Inquieta yace la cabeza que lleva la corona”. Es la cabeza de el rey que ve en cada arbusto y en cada piedra a un sospechoso que lo persigue. Al igual que Macbeth, que se dice: “Ser rey así no es nada; lo que importa es serlo con seguridad”. Las sombras acechan y la mente las agranda. Más cuando (afuera) crece el descontento y la determinación (o intransigencia) del gobernante pueden percibirse como insensibilidad. Lo dice Bruto, en el Julio César shakesperiano: “El abuso de la grandeza ocurre cuando separa la piedad del poder.” Cualquier parecido con la realidad nacional es mera coincidencia literaria. La inseguridad es muy poderosa.

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