La salud del Papa: qué es un adenocarcinoma pulmonar, cómo se trata y qué pronóstico tiene

El Vaticano informó hace instantes que el nódulo pulmonar que se le extirpó al Papa es un adenocarcinoma, que es tipo tumoral más frecuente y con mejor expectativa pronóstica frente a los tratamientos con respecto a otras lesiones malignas.

Ahora, tras la cirugía, el estudio patológico terminará por aportar el resto de la información necesaria para proyectar el enfoque terapéutico a seguir.

El papa León XIV

La intervención en el Hospital Universitario Agostino Gemelli duró alrededor de 90 minutos y estuvo a cargo de Stefano Margaritora, jefe de la Unidad Cirugía Torácica de ese centro. “El procedimiento fue exitoso y no hubo complicaciones”, se informó oficialmente a través de un parte médico.

La resección de la lesión, que estaba ubicada en el pulmón derecho, incluyó el lóbulo inferior, una práctica habitual en estos casos para asegurar que no queden células tumorales en el tejido sano. La cirugía fue con una técnica mínimamente invasiva, asistida por video.

“El examen histológico intraoperatorio confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, tal como se sospechaba a partir de las pruebas prequirúrgicas”, continuó el comunicado del hospital.

Son esas pruebas previas por biopsia, seguramente a partir de un estudio por imágenes del control de rutina en el que se detectó la lesión pulmonar, las que guiaron el plan quirúrgico en un estadio inicial de la enfermedad.

Para Elías Hurtado Hoyo, cirujano torácico argentino y miembro emérito de la Academia Nacional de Medicina de Francia, las decisiones del equipo médico papal al momento fueron “correctas”. En diálogo con LA NACION, señaló que los próximos siete días que León XIV pasará internado son claves para conocer cómo progresa su rehabilitación. Incluida su agenda prevista.

“Hasta esta mañana, el Papa tenía cáncer en el cuerpo. Ahora, no. Esta es una muy buena noticia: permite, desde el punto de vista clínico, razonar distinto y con otros tiempos. Uno de esos puntos a considerar es la rehabilitación”, señaló.

El diagnóstico histopatológico terminará de proporcionarle al equipo tratante toda la información sobre el adenocarcinoma para plantear en un ateneo con los referentes de cirugía, neumonología y oncología, entre otras especialidades que se puedan sumar a partir de esos resultados, cuál será el enfoque terapéutico a seguir y más allá del seguimiento en estos casos.

“La recuperación en estos siete días de internación indicará cómo es la curva de rehabilitación. En una semana, sabremos si viene o no al país”, indicó Hurtado Hoyo, que ya utilizaba la técnica asistida por video en la década del 90 en el país.

El viaje a América del Sur

Sobre el viaje que tiene previsto el Papa por la región, consideró que “es muy agotador”. Hay programados 14 vuelos en el itinerario. Un segundo punto a considerar es que la agenda incluye visitas a lugares en altura en Perú, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, como remarcó.

“Si la rehabilitación esa semana avanza sin complicaciones, quizás los organizadores pueden revisar las actividades para no sobrecargarlo”, dijo Hurtado Hoyo, que también es presidente de honor de la Asociación Médica Argentina y profesor titular consulto de Cirugía de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

El Papa, el domingo, cuando anunció que sería operado de un nódulo en el pulmón

En 1991, ante 300 cirujanos invitados de todo el mundo, operó con una técnica desarrollada con su equipo, más conservadora, para tumores pulmonares grandes en el Hospital Regina Elena, en Roma, uno de los centros europeos referentes en oncología.

“Es importante que se haya extirpado el lóbulo porque se extirpan también los ganglios que rodean el bronquio lobar [secundario], lo que permite estudiar si el tumor estaba estrictamente localizado y no había comenzado a propagarse –continuó Hurtado Hoyo–. La histopatología proporcionará el detalle que necesitan los médicos para definir si es necesario el aporte de otra terapia”.

Al principio, los controles son más seguidos y, luego, con mayor intervalo, hasta ser anuales. “Para un cirujano de tórax esta intervención es rutina. La diferencia es que, la mayoría de las veces, las lesiones no llegan con un tamaño tan pequeño, sino que los pacientes ya consultan con síntomas y tumores más grandes –refirió a LA NACION–. Algunas veces, cuando son tan chicos, también pueden ser traidores porque pueden dar raíces a otros órganos y un adenocarcinoma se duplica en entre 90 y 120 días. La rehabilitación con la observación y el seguimiento son claves para la curación en el tiempo”.

El pronóstico de un adenocarcinoma localizado y detectado en una etapa precoz es “bueno” cuando se extirpó por completo, según explicó Juan Hernández Morán, jefe del Servicio de Oncología del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT) y exdirector del Instituto de Oncología Ángel Roffo de la UBA. En esas condiciones, un 75% de los pacientes tiene una vida sin recaídas a cinco años, mientras que en un 25% puede reaparecer la enfermedad.

“La mayoría de los pacientes, con la cirugía y la vigilancia tienen muy buen pronóstico, sin tratamiento adicional. Solo en algunos casos, por ejemplo, si el tumor es más grande o existe otro factor que afecte el pronóstico, se indica un tratamiento adyuvante o preventivo: quimioterapia o terapias dirigidas de acuerdo con el perfil molecular”, explicó el oncólogo.

Coincidió con Hurtado Hoyo en que “lo más importante” tras una intervención como la de León XIV es la evolución posquirúrgica: si transcurre con o sin complicaciones. Eso vale, también, en esos casos en general para subir a un avión. “Lo habitual es esperar cuatro semanas para hacer vuelo de más de cinco horas; esto en una persona con función pulmonar normal tras la intervención”, aclaró Hernández Morán. En ese tiempo se tiene en cuenta la cicatrización, como en cualquier cirugía, y también el estado clínico general del paciente. Entre los riesgos aparece la aparición de cualquier dificultad respiratoria o una trombosis.

Para el oncólogo, en el caso del Papa, todavía “es muy prematuro” dar un pronóstico de cuándo va a estar en condiciones de viajar.

​ 

​