“Esto es The walking dead, tierra de nadie”, dicen los vecinos de la zona donde asesinaron a un joven para robarle la moto

Cansados de vivir olvidados y a la buena de Dios, los vecinos de José C. Paz expresaron su malestar y preocupación en una marcha autoconvocada en la puerta de la Municipalidad y harán lo mismo hoy, a las 17, en la esquina de Gaspar Campos y 197.

La gota que rebalsó el vaso fue el crimen de David Elías Ojeda Vázquez, de 23 años, quien el lunes por la noche recibió un tiro por la espalda cuando circulaba en su moto y fue perseguido por dos delincuentes que también iban en moto y utilizaban indumentaria similar a la de los repartidores de aplicaciones de delivery.

Velatorio de Elías David Ojeda

Piden justicia y explicaciones a las autoridades, a quienes se les atribuye la responsabilidad de la inseguridad reinante.

Esto es The Walking Dead. Tierra de nadie”, grafica Sebastián, un vecino. Y amplía: “Uno se despierta y sale a trabajar sin saber si volverá a casa. Hay que fingir demencia y rezar para que no te toque”.

Karina, otra vecina, comparte su abatimiento: “Tengo un hijo que estudia Sistemas. No veo la hora de que se reciba y se vaya de acá. Lo único que le pido a Dios es que no me lo maten antes. Tengo la casa en venta, pero ¿quién me la va a comprar?

Marcha por el homicidio de Elías David Ojeda en José C. Paz

Al mediodía, mientras se desarrollaba la primera de las marchas (a la cual se plegaron los motociclistas de aplicaciones de delivery, también cansados de sufrir robos violentos), en el cementerio municipal se realizaba el entierro de David, con la presencia de sus padres y de un centenar de familiares y amigos. Para trasladar a todos desde la casa velatoria Oviedo hasta el cementerio fueron contratados dos ómnibus de transporte escolar.

El crimen de Tito, tal como le decían a David sus allegados, causó un profundo dolor. Quienes lo conocieron contaron a LA NACION que era un joven emprendedor que trabajaba sin descanso en la compra y venta por internet y proyectaba un futuro grande junto a sus amigos de toda la vida.

“Todos formamos parte de un mismo grupo. Crecimos juntos. Imaginate cuán unidos éramos que cuando él cayó llegó a mandarle un mensaje de audio a Alan, uno de nuestros amigos, y le dijo que lo habían herido”, confió Julián.

Y sintetizó el pensamiento de sus amigos: “Éramos hermanos de la vida. Y ahora que ya no está con nosotros es como si le faltara una pieza al rompecabezas”. Todos lo describieron como una buena persona y un trabajador honesto que jamás le falló a nadie en el barrio Sol y Verde.

Los momentos impactantes del hecho quedaron grabados y fueron registrados por los vecinos del lugar. Karina le relató a LA NACION lo que vivió la noche del lunes.

“Escuché el disparo y un grito. Pensamos que era un perro, pero era el muchacho cayendo. Salimos y la vecina, que es enfermera, ya le estaba haciendo RCP. Una chica que pasó en auto bajó a los gritos y llamaron enseguida a la ambulancia”, relata.

Afirmó que no se trató de un hecho aislado: “Ya van cinco muertes en lo que va del año de muchachos que salen a trabajar o estudiar. Mi marido llegó 20 minutos antes; si los cruzaba quizás los hubiera enfrentado, porque él está armado; no se aguanta más vivir así”.

Ella deslinda la responsabilidad de los efectivos comunes de la Policía de la Provincia de Buenos Aires: “De 15 cuadrículas en José C. Paz a veces hay siete patrulleros, y solo tres tienen combustible. Esta zona no está liberada por los policías de abajo; está liberada por los jefes policiales, el intendente y el ministro de seguridad, que son socios de los narcos. Al policía que labura por dos mangos lo reprimen y persiguen. Por la noche esta calle es un rally de zombies que van a comprar falopa a Santa Rita y vienen para acá. Hay mugre acumulada y autos abandonados que usan para esconderse. Roban autos y motos para desarmarlos en el barrio”.

Cruce de las calles Polonia y Piñero donde le dispararon a Elias David Ojeda, de 23 años, dos motochorros en José C. Paz

En sintonía, Sebastián agregó: “Esto es José C. Paz, tierra de nadie. Tenés la calle detonada y la mugre por todos lados. A las 8 de la noche se murió todo. Hacés 5 kilómetros a San Miguel o Malvinas Argentinas y las cosas funcionan; acá esto es desidia. Acá hay mucha falopa, mucha vagancia y pibes colocados. En los semáforos, si no les das plata, te quieren pegar. Esa noche la policía vino al toque e hizo lo que pudo, pero es un municipio pobre. Las calles parecen bombardeadas con granadas. Cada cual hace lo que puede, tenés que vivir enrejado, poner cámaras y rezar”.

Ambos coinciden en señalar como máximo responsable de esta situación a Mario Alberto Ishii, intendente de José C. Paz desde hace 28 años y ahora de licencia para asumir como senador en la Provincia de Buenos Aires. Y también a Lorena Espina, quien quedó a cargo del municipio de forma interina.

“Nadie los quiere, pero siguen ganando las elecciones porque el 70% de la población trabaja en la Municipalidad o recibe planes. Es muy triste todo”, agregó Karina, mientras miraba de reojo a un hombre que dos horas antes había pasado en bicicleta por la puerta de su casa y ahora volvía con dos. “¿Cómo anda, doña?“, le dijo el joven. ”Los huelo a la distancia. Este saltó una pared o una reja, se robó una bici y ahí está volviendo», cuenta.

Lugar donde murió David Elías Ojeda, de 23 años, después de que dos motochorros le dispararon para robarle la moto
en José C. Paz

El crimen de Elías Vázquez volvió a dejar al descubierto las duras condiciones cotidianas en José C. Paz, un municipio catalogado por sus residentes como pobre y sumido en la desidia urbana. Los comercios cierran temprano y a partir de las 20 la zona queda completamente desierta.

La sensación de abandono institucional es constante entre los vecinos, quienes denuncian la escasez de recursos policiales y la complicidad de las autoridades políticas con el narcotráfico, expresando el agotamiento de vivir encerrados.

Karina concluyó, resignada: “Es triste porque estamos perdiendo hijos. Yo hace años que tengo la casa en venta porque me quiero ir, pero ¿quién me la va a comprar? Tengo un hijo estudiando informática que se rompe el lomo trabajando y estudiando; quiero que se vaya a vivir al campo o afuera. Lo único que le pido a Dios es que no me lo maten antes”.

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