El proyecto que Trump defendió y nunca se construyó: así iban a ser las nuevas Torres Gemelas
Después del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, en el que fueron destruidas las torres gemelas, la reconstrucción de esa zona de Manhattan abrió una discusión enorme.
El debate incluía más que un intercambio de ideas sobre diseños. Había que tener en cuenta dónde iría a estar el monumento conmemorativo, la seguridad y qué querían los neyorquinos.
Por entonces, muchos reclamaban reconstruir las Torres Gemelas. Otros, en cambio, temían que una réplica condenara al lugar a quedar asociado para siempre con la imagen de la tragedia.

La Lower Manhattan Development Corporation, o LMDC por sus siglas en inglés, coordinó el proceso de planificación pública. Sus primeras propuestas recibieron duras críticas y, en 2003, el organismo eligió el master plan del arquitecto Daniel Libeskind.
Más tarde, David Childs quedó a cargo del diseño de la torre principal, entonces conocida como Freedom Tower y hoy llamada One World Trade Center.
“Team Twin Towers”
Pero no era la única propuesta. A comienzos de 2004 emergió “Team Twin Towers”. Promovido por un grupo de activistas y diseñadores, el proyecto fue liderado por el ingeniero estructural Kenneth Gardner y el arquitecto Herbert Belton.
Belton tenía además un vínculo particular con el lugar. Al comienzo de su carrera había trabajado en el proyecto original de las torres gemelas desde la firma Emery Roth & Sons.
El proyecto era informalmente conocido como “el plan de la gente”, o “Torres Gemelas II”. Consistía en dos torres casi idénticas, con sutiles diferencias. Se proyectaba que fueran un poco más altas que las originales y que incluyeran memoriales en las huellas de las torres originales.

Según sus promotores, las nuevas torres tendrían columnas exteriores más robustas, un núcleo reforzado, ventanas más grandes y medidas de seguridad reforzadas, con materiales más resistentes al fuego y escaleras de evacuación más amplias.
El 18 de febrero de 2004, Team Twin Towers defendió su propuesta en una audiencia pública de la LMDC sobre el futuro del predio. Allí, Jonathan Hakala, vocero del grupo y antiguo inquilino de la Torre Norte, respondió a una de las principales objeciones contra la idea: que, después de los atentados, ninguna empresa querría ocupar los pisos superiores de dos nuevos rascacielos.
“La realidad es que la LMDC nunca lo intentó”, protestó Hakala. “Nunca contactó a Team Twin Towers ni a otros grupos que defendían la restauración”.
Dos días después, distintas fuentes informaron que el grupo había quedado fuera del plazo para presentar formalmente su diseño y que la LMDC seguiría adelante con el proyecto ya seleccionado.
Randy Warner, otro de sus impulsores, todavía creía que quedaba una pequeña oportunidad. “Mientras no hayan empezado a cavar un pozo en el suelo, hay tiempo para discutir”, dijo.

El margen era escaso, pero la propuesta consiguió algo de visibilidad. Su maqueta empezó a aparecer en medios y programas de televisión.
Nueve días después de la presentación pública del proyecto, apareció una figura conocida entonces y conocida hoy: Donald Trump. El actual presidente de Estados Unidos fue entrevistado en el programa de CNN Larry King Live. Un televidente le preguntó si estaba involucrado en el nuevo proyecto para el World Trade Center.
Trump respondió que no tenía ninguna participación. Explicó que la decisión estaba fundamentalmente en manos de Larry Silverstein, el desarrollador que tenía el arrendamiento del complejo, pero aprovechó la pregunta para atacar el diseño de la Freedom Tower.
“Es un edificio de 50 pisos que parece de 120. Es un esqueleto”, afirmó.
Trump ya había arremetido contra ese diseño. La Freedom Tower, dijo, “parece un depósito de chatarra, una serie de ángulos rotos que no combinan entre sí”. Después fue más lejos: “Es el peor montón de porquería arquitectónica que vi en mi vida”.
Mientras tanto, Gardner y Belton continuaban defendiendo su propuesta. En junio de ese año, Gardner explicó a la revista Time Out New York que la piel plateada de las nuevas torres adquiriría tonos bronce al atardecer, como ocurría con las originales.
“Nueva York es esto. No la Freedom Tower”, sostenía.
Trump recién dio un paso más concreto en mayo de 2005, cuando respaldó públicamente la iniciativa de Team Twin Towers y presentó en la Trump Tower la maqueta diseñada por Gardner y Belton.
Su argumento era sencillo y poderoso: las torres debían regresar más fuertes, más seguras y acaso un piso más altas que las anteriores.
Y sostuvo que, si el World Trade Center era reconstruido “en forma de esqueleto”, “los terroristas ganan”.
Según muchas personas, no hacerlo equivalía a aceptar que el ataque había cambiado para siempre el horizonte de Nueva York.
Pero Trump también reconocía el límite de su intervención: “Sólo tengo el poder de persuasión. Es un poder muy simple, pero a veces puede ser muy fuerte”, dijo.

La razón era que las decisiones sobre el predio dependían de varios actores. La Port Authority era propietaria de los terrenos; Silverstein tenía el contrato de arrendamiento y derechos de desarrollo; y la LMDC coordinaba el proceso de planificación pública.
Howard Rubenstein, vocero de Silverstein, respondió entonces que la única preocupación de su cliente era construir una Freedom Tower “segura y espectacular” dentro del plan que ya había sido aprobado.
Libeskind, por su parte, recordó otra dimensión central de la discusión: “El plan del sitio no trata sólo de edificios comerciales. El memorial es su pieza central. Está allí por una razón”.
Esa frase condensaba buena parte del desacuerdo. Para algunos, explicaba por qué las Torres Gemelas no debían reconstruirse. Para otros, demostraba que Nueva York estaba renunciando a recuperar uno de los símbolos más reconocibles de su skyline.
El proyecto de Gardner y Belton sufrió además un golpe a fines de 2005, cuando Belton murió de cáncer a los 68 años. Gardner prometió continuar la campaña para convencer a las autoridades.
“Herbert conocía muy bien el predio”, dijo entonces. “Su aporte a este proyecto fue hacerlo funcionar, hacerlo real”.
La muerte de Belton también puso en evidencia una confusión que la presencia mediática de Trump había contribuido a alimentar: Twin Towers II no era un proyecto suyo. Sus verdaderos autores eran Gardner y Belton; Trump se había convertido en uno de sus defensores más visibles cuando el proceso de reconstrucción ya estaba avanzado.

En junio de 2005 se presentó la versión definitiva de la Freedom Tower y, el 27 de abril de 2006, comenzó formalmente la construcción del edificio que luego sería rebautizado como One World Trade Center.
Los impulsores de Twin Towers II continuaron defendiendo su idea durante algún tiempo, pero One World Trade Center ya estaba en construcción. A 25 años del 11-S, la imagen de Trump posando junto a aquella maqueta quedó como una llamativa postal de época.
