Dudas, sospechas y teorías conspirativas: los interrogantes que todavía no fueron resueltos 25 años después del 11-S

La espectacularidad del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York tuvo como segundo acto una igual de espectacular serie de teorías sobre lo que realmente habría pasado. Tras el shock, la confusión y el dolor iniciales, comenzaron a circular versiones que contradecían lo que decían autoridades y medios.

Las respuestas ofrecidas desde entonces no despejaron del todo la bruma de la sospecha. La única certeza compartida universalmente ha sido la caída de las Torres Gemelas y otros edificios cercanos, derrumbados a la vista del mundo entero por las numerosas grabaciones del momento, repetidas a lo largo del primer día en las cadenas de televisión, un avión tras otro, impactando las mismas estructuras una y otra vez.

Algunos ponen en duda incluso esa evidencia, y sostienen en cambio que no fueron solo los aviones los causantes de la caída de las torres, como se vio en televisión, sino que hubo una especie de explosión controlada desde adentro, atribuyendo al gobierno de ser el verdadero autor de la masacre.

La gente corre desesperada tras el colapso del World Trade Center

También se expresan dudas sobre el avión que impactó en el Pentágono minutos después de los dos que golpearon en Nueva York, sobre la dramática caída del vuelo 93 de United en Pensilvania, y, más adelante, sobre la muerte de Osama ben Laden, el factótum de los tremebundos atentados islamistas.

“Demolición controlada”

La versión oficial consensuada señala que las Torres Gemelas desaparecieron a causa del fuerte impacto de los aviones Boeing 767 piloteados por los terroristas, combinado con la carga de combustible y el fuego que provocaron que todo se redujera a escombros.

Pero los escépticos no lo ven así. Señalan que los incendios duraron menos de dos horas y retoman los testimonios de algunos empleados del World Trade Center, que afirmaron haber escuchado explosiones en paralelo a la llegada de los aviones. Esto se suma a que los edificios, dicen, se derrumbaron de una forma idéntica a la que suele verse en demoliciones controladas por material explosivo. Cayeron con una prolijidad implacable sin haberse sucedido incendios de gran envergadura, sino fuego localizado.

En uno de sus principales fundamentos, los escépticos aseguran que las llamas no destruyen el acero, y menos con la velocidad con la que se derrumbaron las torres. Dicen que por sí solos, los aviones y los incendios no habrían podido debilitar los edificios como para desencadenar el colapso, y las edificaciones no se habrían derrumbado ni a la velocidad a la que lo hicieron sin energía adicional.

Dudas similares surgieron respecto de la Torre 7, de 47 pisos, ubicada detrás de la Torre Norte, al otro lado de Vesey Street. Aun sin ser estrellada por un avión, se desplomó a toda velocidad. El gobierno sostuvo que el edificio fue una suerte de “víctima” del ataque mayor y de las altas temperaturas alcanzadas en el interior.

Una investigación del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos concluyó que los aviones dañaron las columnas de soporte de las Torres Gemelas y causaron el desprendimiento del material ignífugo, encargado de evitar la propagación del fuego.

Según las conclusiones del estudio, no fue necesario que los incendios fundieran el acero para provocar el colapso de las Torres Gemelas; el calor simplemente debilitó el acero hasta que ya no pudo soportar el peso que tenía encima. Aunque, como siempre, estos datos no bastaron para debilitar las teorías contrarias.

El autoatentado de George W. Bush

Hilvanado con lo anterior, los cuestionamientos también se dirigen al entonces presidente estadounidense George W. Bush y a su gabinete de gobierno. ¿Acaso fue todo una conspiración interna para justificar ataques e intervenciones en otros países como Afganistán e Irak, donde las tropas de Estados Unidos se terminaron quedando más de diez años intentando redibujar el mapa?

Muchos no encuentran sentido a que los terroristas que comandaron los aviones hubieran podido entrenarse con libertad en Estados Unidos, así como entrar y salir del país en más de una oportunidad, sin levantar sospecha. También objetan que la Casa Blanca autorizara, según dicen, que seis aviones privados y casi media docena de vuelos comerciales salieran del país justo después, transportando a 24 familiares de Ben Laden y otros 120 sauditas.

El presidente George W. Bush inspecciona la zona devastada del World Trade Center

Las invasiones posteriores fueron reales, primero Afganistán (2001) y luego Irak (2003), y también era real la intención de Bush de rearmar el rompecabezas regional. Pero la invasión a Irak tuvo una justificación diferente: la de que Saddam Hussein contaba con armas de destrucción masiva. Una explicación, esta sí, absolutamente falsa, como pronto quedó a la vista y nadie volvió a defender.

El Pentágono, solo un rasguño

Para muchos es difícil creer que el edificio más custodiado de Estados Unidos puede haber sido atacado 78 minutos después que las Torres Gemelas –es decir, cuando ya corría una advertencia hacia las fuerzas de seguridad nacionales– e impactado por el avión del vuelo 77 de American Airlines, del cual no quedaron casi rastros.

El gobierno dijo haber encontrado y clasificado restos del avión de American Airlines en el lugar de los hechos y, también, la caja negra, incautada por el FBI.

Pero el escaso registro fotográfico del atentado a la sede del Departamento de Defensa; el bajo nivel de destrucción de las inmediaciones –cables, postes de luz y otros elementos de la calle quedaron intactos– y del edificio mismo, y que el sector elegido para el ataque estuviera en obra en septiembre de 2001 profundizan las dudas.

Un helicóptero tras dejar personal militar en la zona impactada del Pentágono, al día siguiente de los ataques del 11 de Septiembre

La especulación de quienes cuestionan la versión oficial es que el atentado al Pentágono fue provocado por un misil, dado el reducido tamaño del agujero, o por un pequeño avión, y que políticos y militares estadounidenses estuvieron involucrados en la operación: un autoatentado, útil para acrecentar la gravedad de lo sucedido.

Sin embargo, entre otros, un miembro de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles declaró que el tamaño y la forma del agujero se debieron a que una de las alas del Boeing 757 chocó contra el suelo, mientras que la otra se desprendió al impactar contra el edificio.

El vuelo United 93

Al igual que los otros tres aviones secuestrados, el vuelo 93 de United fue infiltrado por cuatro miembros de Al-Qaeda con la intención de estrellarlo contra un centro del poder, quizás la Casa Blanca o el Capitolio. Pero el avión se pulverizó sobre una zona rural de Pensilvania.

Según la versión más aceptada, los pasajeros forcejearon con los secuestradores y frustraron el atentado, aunque en la lucha no se pudo evitar la caída. Poco después surgió la teoría de que el avión no fue destruido como resultado del audaz sacrificio de los pasajeros, sino por el misil de un caza de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, despachado para evitar que los terroristas cumplieran su cometido y se estrellaran contra su blanco, como había sucedido minutos antes con las Torres Gemelas y el Pentágono.

Los restos del Vuelo 93 de United en  Pensilvania

Los audios de la cabina de mando y de las desesperadas conversaciones por teléfono de los pasajeros con sus familiares confirman la lucha a bordo. Sin embargo, todavía se discute si lograron entrar a la cabina o los terroristas derribaron el avión cuando estaban por hacerlo. Más importante aún, investigaciones bien fundadas aseguran que, en efecto, existió una orden de derribarlos. Pero la heroica lucha y la caída se adelantaron a los cazas.

La muerte de Ben Laden

Estados Unidos tardó diez años en encontrar al hombre más buscado del mundo. Entre medio, Washington desató dos guerras en Medio Oriente, tendió una red de inteligencia antiterrorista alrededor del mundo en alianza con sus socios más cercanos, y creó cárceles secretas donde los militares obtenían información a la fuerza.

La noticia de la muerte de Ben Laden en Pakistán recorrió el mundo

Pese a innumerables capturas de otros sospechosos, Ben Laden recién cayó el 2 de mayo de 2011, durante una operación de los marines contra un complejo blindado en Pakistán, donde el líder máximo de Al-Qaeda y cerebro de los atentados del 11 de Septiembre se refugiaba.

Pero el cuerpo nunca fue mostrado. Según Washington, fue arrojado al mar 24 horas después porque no querían que lo recuperaran sus seguidores y lo convirtieran en mártir. Muchos especularon rápidamente que sin cuerpo no hay delito, y surgieron decenas de teorías. Ben Laden, por ejemplo, habría muerto muchos años antes. O seguiría escondido en un lugar inhóspito y ultrasecreto. O estaría en poder de las autoridades de Estados Unidos. En cualquier parte menos donde dijeron las autoridades.

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