Disfrazados y en moto: se llevó adelante una nueva edición de la Caravana Solidaria por el Día del niño
Desde hace 20 años, cuando se celebra el Día del niño, se lleva a cabo la Caravana Solidaria organizada por el Kawaclub y liderada por Fernando Rivera. El objetivo, acercar juguetes nuevos a los chicos de hospitales infantiles (el Garrahan, en este caso) para que cada uno reciba el suyo y juntos “creen” su propia historia.
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En esta edición, y más allá de que el cielo se presentó gris, la convocatoria inició a las 8:30 en el Campo Argentino de Polo de la Ciudad de Buenos Aires y ofreció una postal única: una avenida del Libertador que se fue tapizando de motos de todas las cilindradas, modelos, marcas y características listas para partir y motociclistas que emanaban un halo de energía que reafirmaba el porqué de esta juntada: la sonrisa de los chicos.
Hacia las 11, Fernando tomó juramento a todos los asistentes. A través de él, los animó a “reír durante todo el recorrido hasta la Casa Garrahan y disfrutar”. Luego, se subió a su moto que abría la Caravana y encendió una bengala verde, la señal para que todos los conductores arrancaran sus unidades y se alistaran a cumplir con la jornada.

Así, mientras se escuchaba el incontrastable rugido de los motores atravesando la ciudad de Buenos Aires y cubriendo constantemente casi 10 cuadras, se juntaron pilotos con sus motos junto con asistentes caracterizados de personajes como Batman, La reina de corazones, Alicia (de la ficción Alicia en el país de las maravillas), el Hombre araña, Jessie la vaquerita y Woody (Toy Story), Darth Vader, la Pantera rosa y Stich, entre muchos otros.
Caras de alegría
La adrenalina que se experimentó en esta Caravana Solidaria impacta y, tal y como definió su creador, siempre se vivió así. “Esta acción surgió en 2004 a partir de una charla con mi amigo motociclista escocés Robert Panton. Me habló de la tradición para Pascua que había en su ciudad donde cada año se realizaba el desfile benéfico de motociclistas Easter Egg Run, organizado para ayudar al Royal Hospital for Children de Glasgow, Escocia”, explicó.

La idea le quedó dando vueltas en la cabeza hasta 2006, año en el, que decidió hacer la primera Caravana Solidaria hacia la Casa Garrahan a partir de una charla con Bety Resnik, coordinadora de Relaciones Institucionales de la Fundación Garrahan.
“Desde que me contó cuál era su idea para ayudar y conseguir juguetes para los chicos que están en el hospital y en la casita, me pareció espectacular. Así, la gente se va involucrando con las verdaderas necesidades que tienen estos chicos que, a pesar de estar en una situación difícil, estar internados, alojados en la casa o vienen de muy lejos, el día que viene la caravana son ‘reconocidos’ y les traen juguetes nuevos. Eso hace a estos niños y sus familias muy felices”, comentó ella.
“Desde la primera vez que fuimos unas 100 motos a la Casa Garrahan nos encontramos con un premio, porque había pequeños en tratamiento, algunos complicados con sus padres y estaban enloquecidos al vernos llegar y ellos nos brindaron sus sonrisas. Esa es una de las sensaciones más gratificantes de mi vida. Luego en el tiempo, por ver sus caras y por el regalo de sus sonrisas, seguimos para adelante hasta hoy”, dijo Rivera y afirmó: “si bien, al inicio fue una excusa para juntarnos, se transformó en el objetivo. Entendimos el sentido de estar haciendo la Caravana”.
Este año, la preparación llevó meses e incluyó diferentes actividades para recolectar dinero y comprar más juguetes. Si bien la caravana fue hacia el Garrahan, los juguetes se enviaron también al Hospital Gutiérrez, Hospital Noél Sbarra, Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, Hospital Posadas, Hospital del Niños Sor María Ludovica de La Plata, Hospital de Niños de San Justo, Maternidad Sardá y al Hospital Borda.

Además, a modo de reconocimiento a Robert Panton por esa primera charla hace dos décadas, se presentó frente de la Casa Garrahan la Guardia Escocesa de Buenos Aires y hubo presencia de gaiteros y fusileros, una muestra más para los chicos.
Y pasó lo que esperaban todos, las risas, la alegría, los personajes y superhéroes que encabezaron la Caravana animaron a los pequeños en medio de Día del Niño. El contacto con cada uno, la alegría, las lágrimas de emoción, la sinceridad de dar sin esperar nada a cambio y recibiendo lo más sublime: la sonrisa de cada niño.
Como expresó Luis, uno de los pilotos: “Entre la adrenalina que tenemos los participantes de la Caravana, la emoción de los chicos al escuchar las motos a la distancia y cuando las ven acercarse impacta. La cara de sus madres disfrutando de la sonrisa de sus pequeños, conmueve. Esto atraviesa cualquier estructura”.
La entrega de juguetes duró cerca de una hora y media, tiempo en el que algunos de los chicos hospedados en la Casa Garrahan pudieron incluso hacer un pequeño circuito a bordo de triciclos o sidecars además de tomarse fotos junto a los personajes de series y películas que llegaron en moto.
El Kawaclub recolectó juguetes nuevos durante el año y cada vez hay más personas que acompañan esta propuesta. “Hace unos años, un hombre se sumó a la Caravana y en el tiempo nos contó su historia. Su hija había fallecido, pero durante el tiempo que ella estuvo hospitalizada, personas de distintos ámbitos fueron importantísimas. No sabíamos lo que estaba atrás y con su historia entendimos que la caravana es algo que no podemos dejar de hacer”, rememoró Rivera.
Como expresa la coordinadora de la Fundación Garrahan, es muy importante que esta caravana perdure porque año tras año se suman más personas y “se contagia esas ganas que con un juguete nuevo se hace feliz a los chicos”. “Todos los que participan vienen con mucha alegría, la caravana es vida, es juntarse y estar con el mismo fin. El impacto que tiene en los chicos es inimaginable, su alegría cuando las motos están llegando y con tantos juguetes es imparable. Además, reciben afecto y un cariño increíble”.

“Lo más importante de resto es lo que les cambia en el día a esas criaturas que están internadas”, comentó Cecilia Gallardo, quien es voluntaria del Hospital de Niñoz Ricardo Gutiérrez y presidente de CIVHA (coordinación de voluntarios hospitalarios de la Argentina).
“Aunque parezca mentira, los mismos médicos muchas veces nos dicen que hay remedios farmacológicos que curan los males y hay otros que no lo son y curan más que el propio remedio, como este tipo de acciones”, agregó.
A los pequeños se les regalan juguetes nuevos por indicación de las instituciones (ni bélicos y sin pilas) ya que hay muchos con una situación económica difícil y nunca han tenido uno. “Es una alegría que su primer juguete nuevo se lo llevemos nosotros. Son chicos que están complicados y se lo merecen un juguete lindo, desde sonajeros, autitos, muñecas, juegos de mesa, auriculares y más”, dijo Fernando.
“Estamos contentos de participar. Es el cuarto año que venimos vestidos de los payasos Morita y Tribilín y le repartimos juguetes y golosoinas a los chicos que vemos en el recorrido”, comentaron Romina y José. “La caravana los chicos la esperan, a pesar de lo que están viviendo. Si con un gesto le podes sacar una sonrisa, vale más que salir a andar en moto por ahí”, agregó Ricardo, un médico que asiste hace 10 años.

Así como ellos, está el Batman cordobés, que replicará la misma iniciativa en su ciudad natal este lunes 17 de agosto. Así, la caravana se convierte en una movida que, si bien tiene su cita en CABA todos los años, empieza a expandirse en todo el país con el mismo objetivo solidario con el que empezó años atrás.
