“Se dice de mi”, la milonga que se anticipó al feminismo y que inmortalizó a Tita Merello

Insolente. Pobre. Triste. Fea. Así, sin más, se definía la morocha más icónica del tango argentino. Decía haber vivido toda la vida mendigando ternura y sin embargo haber solamente recibido desamor, miseria y muerte. Era una beba de siete meses cuando su padre murió de tuberculosis y una nena de 5 años cuando fue trasladada a un orfanato porque su madre no podía cuidarla. Trabajó de criada y jamás fue a la escuela. La experiencia del abandono, la pobreza y la soledad fue su cruz y también su don. Porque solo la tragedia de la falta puede formar una voz tan tremenda y profunda como la de Tita Merello. La leyenda cuenta que en sus inicios Gardel la escuchó y sentenció que era “un desastre” pero ella fue más bien una tempestad y de ese torbellino arrabalero, de ese tsunami irreverente nació “Se dice mí”, todo un símbolo que supo anticiparse al feminismo.

Con letra de Ivo Pelay y música de Francisco Canaro, la milonga fue inicialmente pensada para un intérprete hombre que, con extravagancia y picardía, hiciera gala de su fealdad. Así fue como la primera versión fue grabada en 1943 por el cantor uruguayo Carlos Roldán, en quien la dupla se inspiró por su estilo de versear las letras y el modo compadrito en su decir. Pelay quiso darle un carácter juguetón y aura tanguera a la canción incluyendo numerosas palabras en lunfardo. La versión alcanzó cierta buena recepción pero cantada desde la perspectiva de un hombre simpático y audaz no traía nada nuevo bajo el sol porteño de aquellos tiempos. Fue la versión de Tita la que saltó a la fama. Su interpretación de “Se dice de mi” marcó un antes y un después: fue ella la que llevó esta milonga a un suceso sin precedentes para una cantora de tango y sentó un precedente invaluable para las mujeres intérpretes de la época.

La intención de Tita fue la de abrazar sus propios fracasos amorosos y la de hacer de las críticas que recibía a diario su bandera. Le ganó de mano a las difamaciones que hacían eco de su mal temple y las transformó en su himno. En 1954, le pidió a Pelay una adaptación de la letra y se abrió espacio en un mundo muy masculino. Si algo supo encarnar Tita fue eso de “hacer del defecto la virtud”.

Con su versión, el éxito trascendió de Argentina a otras fronteras, incluso con las palabras en lunfardo y las referencias locales. Al año siguiente de la grabación Tita canta la milonga en la película Mercado de Abasto y es un éxito arrasador que conquista por completo al público. Fue en ese entonces el gran salto: Tita se posiciona como una de las artistas del momento y da vuelta la historia. Sus versos la coronan como una de las mejores cancionistas de todos los tiempos y la crítica de ese entonces la bautiza como “la Edith Piaf de Buenos Aires” o “la Marlene Dietrich del barrio de San Telmo”.

Nacida en la calle Defensa 715 – “no se puede ser más porteña”, sentenció en varias oportunidades- Tita le cantaba al mundo que el único idioma que dominaba era el lunfardo. Hija de una planchadora, mantuvo el recuerdo de su padre fallecido a lo largo de toda su vida .”Tengo un retrato de él todo manchado de lágrimas”. Sin estudios y analfabeta hasta los 20 años fue la pasión de su vocación la que la llevó a la Calle Corrientes. “A mi me preguntan…¿Cuándo entró al teatro? ¿Cómo se hizo actriz? Por hambre. A mi lo que me marcó fue el hambre, la soledad, la tristeza. No estudié. Pero a sentir no te enseña nadie más que la vida, caminando, y toda mi vida está en la Calle Corrientes”. De andar altanero y presencia hipnótica, pocos veían que detrás de esa cantora exitosa se escondía una Tita sufrida y sensible que avanzaba firme gracias a la valentía propia de la vulnerabilidad. “Me hubiese hecho falta en la vida ser vanidosa. Me hice un vestido de prepotente, pero no soy…soy un perrito. A mi me tratan bien y consiguen de mí cualquier cosa”, confesó durante una extensa entrevista que le realizó el gran locutor Antonio Carrizo en el ciclo Los grandes, emitido por Canal 11. “Era una niña triste, pobre y fea y presentí que iba a seguir siéndolo siempre. Después descubrí que no hacía falta ser bonita, bastaba con parecerlo”. Con esa lucidez interpretó “Se dice de mi” y se convirtió en el símbolo de una mujer que se hacía valer. Sus versos mantienen vigencia en las narrativas actuales sobre el empoderamiento femenino.

En 1999, la canción volvió a reeditarse como cortina musical de la exitosa telenovela colombiana Yo soy Betty, la fea. El leitmotiv musical de la telenovela es este tema interpretado por la cantante bogotana Yolanda Rayo, en tiempo de milonga y en tiempo de salsa. La excusa es la coincidencia de la aparente fealdad de la protagonista de la canción con el personaje principal encarnado por la actriz Ana María Orozco. La composición de la telenovela colombiana obtuvo una nominación en los Latin Grammy para Mejor canción escrita para un medio audiovisual, en 2001.

Deja una respuesta

Generated by Feedzy