Rodrigo De Paul, la figura de Argentina en el triunfo ante Canadá: el admirado por los hinchas y el irritante para los rivales

EAST RUTHERFORD, Nueva Jersey (enviado especial).- En el universo de los futboleros, para quienes no existen los grises, hay dos Rodrigo De Paul. Para quienes no sienten y viven en modo argentino, Rodrigo De Paul es irritante. Basta con chequear la temperatura de las redes sociales, llenas de cuestionamientos a su personalidad dentro del terreno de juego. El Rodrigo De Paul insoportable es ése que exagera las infracciones, el que reclama hasta el hartazgo ante los árbitros, el que se mete en cuanto tumulto se genere. Incluso suele generarlos él.

Pero está la otra óptica para medir al 7 bravo de Lionel Scaloni. Es el de la sonrisa tatuada. El escudero de Messi. El que hizo de la selección una causa innegociable. Ese Rodrigo De Paul, el que admira toda la Argentina, se ganó con el correr de los años -con justicia- el rol de indispensable del equipo nacional. De Paul ya es indiscutido, no saldrá jamás del equipo si no es por razones de fuerza mayor.

En la noche de la ansiada clasificación a una nueva final de Copa América, De Paul fue figura al lado del genio. Con una asistencia magistral para el primer gol de Julián Álvarez y un despliegue que bien le vale el mote de Motorcito, con el que lo bautizaron sus compañeros. “Fue el mejor partido, aunque depende de qué factor analicemos. Los cuartos de final fueron por amor propio, el orgullo. Depende del factor; si se analiza el juego, sí fue el mejor. Pero esta selección tiene un montón de puntos importantes. Hemos visto muchos videos de Canadá, los estudiamos y sabíamos que muchas veces quedaban mano a mano, pero el gol es todo de Juli, que no para de correr y lo tiene merecido”, expresó tras el triunfo por 2 a 0 ante Canadá, que le valió el pasaje a Miami para jugar la final el domingo próximo, ante el ganador de Colombia-Uruguay.

De Paul hizo casi todo bien y fue la muestra fiel de un equipo que recuperó la memoria en el momento justo, en el trayecto de un torneo que lo vio zigzaguear por momentos. Hay números y estadísticas que pueden dar un contexto de lo que De Paul brindó en la noche del MetLife Stadium: De Paul -que llegó a la asistencia número 11 en 68 partidos con la camiseta de la selección- fue el tercer jugador argentino con más intervenciones (74) y 47 pases positivos, según Opta. Pero ello hay que contextualizarlo: el Motorcito argentino supo cómo y dónde jugar el partido. Fue la rueda de auxilio que se esperaba para Montiel en defensa y construyó buenas sociedades con Messi y Di María en el costado derecho del ataque. “Me voy feliz porque hemos logrado llegar a otra final, porque no hay que quitarle mérito ni creer que es fácil. Es una locura. Siempre habrá cosas que mejorar, pero hoy nos vamos felices”, reconoció.

Y así como levantó ovaciones de los hinchas argentinos en cada intervención, hizo aparecer a su otro yo, el De Paul exasperante en la óptica de los oponentes. Como cuando se quedó en el piso luego de una falta (fue el que más infracciones recibió en Argentina, con 4) y Koné le pegó un pelotazo adrede. De Paul se revolcó como dramáticamente y el DT de Canadá, Jesse Marsch, fuera de sí, lo increpó. Resultado: un contrapunto casi cómico entre ambos, con el volante argentino haciéndole el gesto con la mano de que estaba hablando demasiado. ¿Qué dijo al respecto? “Justo quedé en el piso y no sé qué me dijo el entrenador, pero es normal que quiera que gane su selección, y yo dejo todo por la selección. Sé que muchas veces genero y busco reacción en el rival, a veces termina siendo un combustible para mí, pero siempre desde el respeto y que todo quede ahí, cuando termina el partido no hay rencor”.

Rodrigo De Paul y su cruce con el DT Jesse Marsch en pleno Argentina – Canadá. pic.twitter.com/W4TkVSvaag

— TyC Sports (@TyCSports) July 10, 2024

A los 30 años, De Paul encontró cierta estabilidad en Atlético de Madrid a las órdenes de Cholo Simeone. Sin embargo, costó bastante entrar en la confianza del DT. Pese a ello, para Scaloni fue siempre un indispensable. Desde que debutó en la selección, el 11 de octubre de 2018, ante Irak, De Paul solo faltó tres veces a las convocatorias, una de ellas por una suspensión.

En cada aparición pública colectiva de la selección, Rodrigo De Paul está al lado de Messi. Es casi un guardián del capitán, que desde que en 2019 se empezó a consolidar el grupo, lo eligió como gran aliado. De Paul, junto con otros de los más cercanos que tiene en el plantel -Lo Celso, Paredes- se juramentaron apuntalar al gran ídolo de los argentinos para hacerlo ganar títulos. Y no solo lo consiguieron, sino que siguen en la senda: jugarán la tercera final del ciclo. En ella, se irá otro de los amigos y referentes históricos, Ángel Di María. Sobre eso también se expidió De Paul: “Leo (Messi) siempre tiene palabras precisas y hoy tocó ese punto que sabía que nos iba a motivar mucho más: nos dijo que el último partido de Fideo tenía que ser en una final y que todos juntos lo podíamos lograr. Él se va a retirar como merece, en una final. El legado que deja es eterno, uno de los más grandes que vistió nuestra camiseta y es un orgullo enorme poder recorrer este camino al lado de él y ojalá que podamos coronarlo en la final”.

Dice eso el De Paul más sentimental y reflexivo. El que deja a un lado la sonrisa pícara o la mirada sobradora que irrita a todos lo que no tienen los colores celeste y blanco en la piel. Rodrigo es Rodrigo desde esas dos ópticas tan disímiles, pero que lo retratan fielmente.