Rebel Moon 2: una aventura espacial reciclada de películas mejores

Rebel Moon (parte dos): La guerrera que deja marca (Rebel Moon-Part Two: The Scargiver, Estados Unidos/2023). Dirección: Zack Snyder. Guion: Zack Snyder, Kurt Johnstad y Shay Hatten. Edición: Dody Dorn. Música: Tom Holkenborg. Elenco: Sofia Boutella, Ed Skrein, Djimon Hounsou, Staz Nair y Doona Bae. Duración: 123 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular.

Hay películas que toman alguna que otra idea prestada. Otras que son un catálogo de citas de films mejores. Y después está Rebel Moon. Los cinéfilos suelen encontrar placer en detectar referencias de unas películas a otras porque tal cosa confirma su competencia fílmica o, al menos, su buena memoria. Aquí, contrariamente, la dificultad para el conocedor del cine consistirá en encontrar ideas que no vengan de otro lado.

Esta saga iniciada hace unos cuatro meses con Rebel Moon (parte uno): La niña de fuego y que ya va por su segunda entrega es una suerte de parque temático personal en el que el realizador Zack Snyder se permite recrear los clásicos del cine que probablemente hayan marcado su infancia como espectador. Otra explicación posible para el nivel de descaro que le permite presentar un sable de luz rojiza con el bombo que antecede a una gran sorpresa es que el realizador se haya tomado muy a pecho el viejo aforismo televisivo “el público se renueva” y haya decidido que podía hacer Star Wars para la generación Z.

Ya sabemos que buena parte de la producción del cine y la TV actuales se volvió una confirmación de la noción filosófica estoica del eterno retorno. En este contexto, no resulta tan inesperado que la primera Rebel Moon no sea más que un refrito de clásicos del cine de aventuras. Sin embargo, esta segunda parte ingresa en un bucle demencial de reciclaje porque es también un refrito de la primera: no se trata de una continuación sino de una recreación de la misma historia. Claramente, lo más acertado del título es la sílaba “re”.

En la parte uno, una avanzada de las fuerzas fascistas que comandan esta galaxia lejana llega al mundo agrícola de Veldt en busca del grupo de rebeldes que se levantó contra el Imperio o, como se llama aquí, el “Imperium”. Dado que no hay miembros de la resistencia a la vista, el sádico comandante Atticus Noble (Ed Skrein), ensamblado como un destilado de tiranos –cinematográfico flequillo de emperador romano y uniforme de oficial nazi– amenaza con aniquilar al planeta si a su regreso en diez semanas no se le entrega todo el grano que puedan producir para alimentar a sus tropas, algo que condenaría a los agricultores a la hambruna. Siguiendo el mapa de Los siete samuráis, los pacíficos campesinos necesitan guerreros que los defiendan de estos opresores. Así, ingresan en la trama la soldado renegada Kora (Sofia Butella), el no-tan-obsoleto robot de combate Jimmy (con la voz de Anthony Hopkins), el exgeneral borrachín Titus (Djimon Hounsou), la espadachina biónica Némesis (Doona Bae), el príncipe exiliado Tarak (Staz Nair) y el contrabandista solitario Kai (Charlie Hunnam). Para no alargar lo que sabemos, basta decir que aunque tienen todo en contra, se enfrentan a los malos y ganan. Sin embargo, tal como se mostró en el gancho con el que concluía la primera parte, la tecnología superior del Imperium puede revivir a los muertos, de modo que basta aplicarla al villano para volver a empezar.

Con la mencionada resurrección da comienzo esta segunda parte. La historia se resetea y volvemos al planteo inicial: la amenaza del tirano sobre el planeta pacífico y la reagrupación de los guerreros que defenderán a los agricultores de la arremetida del Imperio (perdón, Imperium). Inevitablemente, este reinicio es inferior, porque ya vimos que el villano fue derrotado: ¿cuán amenazante puede ser ahora? De todos modos, ya entendimos que esta saga no quiere ofrecer nada que pueda pasar por novedad, sino un reconfortante regreso a lo que ya conocemos.

A favor de la primera parte se puede decir que Snyder construyó un conjunto de mundos alienígenas diversos que cada tanto reavivaban la atención, que es todo lo que requiere esta película. El auteur de Liga de la Justicia es un competente esteta de la acción (aquí, también se ocupa de la fotografía), si bien en cada escena pone en juego los mismos recursos. En este caso, casi toda la trama transcurre en el mismo planeta bucólico algo que, sumado a la lentitud pomposa que el realizador suele confundir con épica, hace que sea difícil sostener incluso un interés ocasional. Los soliloquios acompañados de cámara lenta y música orquestal que Snyder incorpora cada vez que siente que le falta reforzar un poco la grandilocuencia ejemplifican la ventaja cualitativa de ver esta película en Netflix, donde se puede recurrir al fast forward instantáneamente. La mayor variedad visual es ofrecida por un conjunto de flashbacks que aparecen uno tras otro, como si no se hubiera sabido bien donde meterlos. Su justificación narrativa es muy primaria: en una mesa redonda cada uno de los protagonistas, por turnos, recuerda su historia.

Previsiblemente, esta segunda parte también concluye con una revelación de similar calibre al final de la anterior: algo que vimos que sucedió, en realidad no sucedió, y todo queda a punto para volver a empezar. Es un truco que se puede usar indefinidamente y, según declaró el realizador, hay cuatro partes más en camino. Ya la segunda no hacía falta.