Pollos, Presley y lujo interesante

LONDRES.– Ser aristocrático está de moda. Al menos en la ropa. Esto no tiene nada que ver con el look Old Money que hizo eclosión en los medios sociales el verano boreal último. El estilo que hace referencia en su nombre al dinero viejo o heredado –y que de hecho, se adoptó en 2023 también aquí– viene, en sus orígenes, asociado a las familias tradicionales de la Costa Este de EE.UU. Implica mucho lino, azules y el impecable abanico de colores del beige al crema que suele dominar los decorados en las comedias románticas con Diane Keaton. Acompaña toda una simbología que da a entender una vida sin preocupaciones financieras y una plomería que funciona perfectamente en la casa vidriada frente al mar (que de alguna manera nunca tiene humedades) en los Hamptons o en Nantucket.

Pero de este lado del Atlántico, quienes están en el mundo del diseño miran ahora nuevamente a las propias islas británicas y a un dinero mucho más old que el americano. De hecho, a fortunas preindustriales, y que arrastran varios problemas (edilicios y de otros tipos también). El resultado de inspirarse en los viejos aristócratas resulta en un estilo excéntrico, sucio, imperfecto, lujoso e interesante.

Es “la combinación elegante de esplendor y miseria, un guiño a un mundo en el que el desorden puede leerse como una falta de convencionalismo indiferente y donde la calidad importa, pero nada es demasiado precioso”, definió The Guardian.

Es el clásico “sweater de cashmere con agujeros usado en un palacio con agujeros en el techo”, según resumió el Financial Times, pero hoy con varios giros de ingenio. Es “la combinación elegante de esplendor y miseria, un guiño a un mundo en el que el desorden puede leerse como una falta de convencionalismo indiferente y donde la calidad importa, pero nada es demasiado precioso”, definió The Guardian. Dicho matutino señaló cómo el estilo aristocrático, una constante en la inspiración para las revistas de moda aquí, ahora es tema caliente.

El responsable de todo esto fue, en gran parte, el extraordinario diseñador turcocanadiense Erdem, quien no solo tomó a la duquesa de Devonshire como inspiración para su última colección, sino que la está exponiendo en Chatsworth, el palacio familiar. La movida, por supuesto, tuvo una enorme repercusión mediática y el look Erdem/duquesa de Devonshire se está multiplicando por todas partes.

De las míticas hermanas Mitford (una nazi, una comunista, una novelista) Deborah Mitford, “Debo”, era la granjera de sentido común. Cuando su marido heredó un título nobiliario y un palacio derruído con montañas de deudas e impuestos impagos, ella, devenida la onceava duquesa de Devonshire, se puso a criar gallinas. A partir de eso creó un negocio agrícola, gastronómico y de licencias que le permitió restaurar y mantener Chatsworth, que hoy recibe 600 mil visitantes por año.

El estilo de Debo, que falleció en 2014, se definía por vestidos de ensueño y botas y camperas Barbour cubiertas de barro

El estilo de Debo, que falleció en 2014, se definía por vestidos de ensueño y botas y camperas Barbour cubiertas de barro. También zapatos suaves con la cara de Elvis bordada –era conocida fanática del Rey del Rock and Roll– para salir de la cama con su camisón bordado por monjas francesas. Y cantidad de prendedores preciosos en forma de insectos, aunque bajo el brazo fuese fotografiada con un animal de verdad, en general con plumas. De la manera en la que Erdem lo interpretó –y que ya todos están copiando–, el look incluye vestidos de cocktail con pollos serigrafiados, aros con forma de pollo para las salidas más formales, o un traje de tweed que parece picoteado por aves. Todo esto combinado con chaquetas de cuero con tachas reminiscentes de la época más decadente de Elvis en Las Vegas, que tanto fascinaba a la duquesa.

Chatsworth ya es una ONG y estas actividades para recaudar fondos de una manera relacionada con la herencia del lugar combinada con los máximos creativos contemporáneos despierta loas. La muestra acaba de abrir y será un “triunfo para todos”, segun decretó The Telegraph. Pero si el look generado será exportable al otro lado del Atlántico, y se multiplicará el tweed con pollos en las playas de los Hamptons o en Nantucket, es algo bastante más arriesgado de predecir.