Giro aliado: Occidente lanzará el mayor refuerzo militar en el este de Europa y eleva la presión sobre Moscú

PARIS.- Ante la amenaza rusa y en lo que será la restructuración más importante desde la Guerra Fría, la OTAN aumentará a más de 300.000 sus militares con alto nivel de preparación en Europa. La Alianza Atlántica reforzará sus grupos tácticos sobre todo en los países bálticos, los más amenazados por Moscú.

“Pienso que los aliados dirán claramente en Madrid que consideran a Rusia como la amenaza más importante y más directa para nuestra seguridad”, declaró hoy el noruego Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, durante la presentación de la cumbre, que se realizará el miércoles en la capital española.

“Esta reunión marcará un hito y serán tomadas varias decisiones importantes. Entre ellas, reforzaremos nuestros grupos tácticos en la parte oriental de la Alianza, hasta nivel de brigada”, precisó.

Ocho grupos tácticos fueron creados hasta ahora, basados en Lituania, Estonia, Letonia, Polonia, Rumania, Hungría, Eslovaquia y Bulgaria. Todos se verán reforzados con unidades “predesignadas” en otros Estados de la Alianza, llamadas a intervenir en aquellos países donde los armamentos pesados hayan sido desplegados.

La OTAN también “transformará su fuerza de reacción”, constituida por 40.000 soldados y llevará el número de sus militares con alto nivel de preparación “mucho más allá” de 300.000 hombres, según Stoltenberg. “Esas tropas se entrenarán junto con las fuerzas de defensa locales, a fin de poder responder rápidamente a toda situación de urgencia”, agregó.

“El conjunto de esas medidas constituye la restructuración más importante de nuestra defensa colectiva y nuestra presencia (en Europa) desde la Guerra Fría. Para ello, debemos invertir más”, advirtió.

Los aliados se comprometieron en 2004 a consagrar 2% de sus PIB a gastos de defensa, pero solo nueve de los 30 miembros respetaron ese objetivo (Grecia, Estados Unidos, Polonia, Lituania, Estonia, Gran Bretaña, Letonia, Croacia y Eslovaquia). Francia se sitúa en 1,90%, Alemania en 1,44% y España —país organizador de la cumbre— es el anteúltimo de la lista con 1,01%, delante de Luxemburgo (0,58%), según cifras publicadas ayer por la OTAN.

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— Jens Stoltenberg (@jensstoltenberg) June 27, 2022

Tras años de paz en Europa y de gestión de crisis internacionales, la “defensa colectiva” ha vuelto a ser la misión principal de la OTAN. En momentos en que Rusia multiplica sus mortíferos bombardeos contra Ucrania, si bien la Alianza Atlántica afirma poner extremo cuidado en no cruzar la línea roja, los aliados deberían acordar en Madrid una ayuda a Kiev, que incluya entrega de sistemas de comunicación o capacidades anti-drones.

“A largo plazo, ayudaremos a Ucrania en su transición para pasar de los equipamientos de época soviética a otros modernos del tipo OTAN”, dijo Stoltenberg.

Hace 12 años, adoptando en Lisboa su último “concepto estratégico”, los aliados habían tendido la mano a Moscú, considerado entonces como un “socio estratégico”. El miércoles en Madrid, la organización asumirá un cambio de era: los 30 países miembros deberían por el contrario designar a Rusia como “una amenaza directa e inmediata” contra su seguridad.

Por su parte, en el segundo día de cumbre del G-7 en el sur de Alemania, los dirigentes de Estados Unidos, Canadá, Italia, Japón, Francia, Gran Bretaña y Alemania reafirmaron hoy su ayuda a Ucrania ante la agresión rusa, prometiendo “continuar aportando apoyo financiero, humanitario, militar y diplomático, todo el tiempo que sea necesario”. Las siete democracias más industrializadas del planeta también lanzaron un llamado a Rusia a permitir la exportación de cereales desde Ucrania para evitar exacerbar la crisis alimentaria mundial.

Por la mañana, en una intervención por videoconferencia, el presidente Volodimir Zelensky afirmó que todavía no ha llegado el tiempo de la negociación con Moscú y que su país debe, primero, consolidar sus posiciones.

El domingo por la noche, el canciller alemán, Olaf Scholz, y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lanzaron formalmente una “cooperación global para las infraestructuras”, cuyo objetivo es obtener 600.000 millones de dólares en cinco años para invertir en forma de préstamos en países en desarrollo. Washington prometió “movilizar” 200.000 millones sin precisar, sin embargo, qué partes recaerán en el sector privado y en la financiación pública, ni cuáles serán las garantías que el gobierno estadounidense ofrecerá para incitar a los inversores privados a comprometerse.

Sin citar a China, pero haciendo alusión al programa de préstamos chinos llamado “las nuevas rutas de la seda”, Biden aseguró que esta asociación lanzada por el G-7 está basada en “valores compartidos”: transparencia, respeto de los derechos de los trabajadores, del medio ambiente y la igualdad de género.

En un esfuerzo suplementario para aumentar la presión sobre Vladimir Putin reduciendo la transferencia de fondos, otro de los temas centrales de la cumbre es la posibilidad de imponer un techo a los precios del petróleo ruso. Un proyecto cuyos detalles no deberían, sin embargo, ser decididos durante la cumbre, que concluye mañana. Los ministros de Finanzas del G-7 quedarán a cargo de elaborar los mecanismos en las próximas semanas, según un alto responsable estadounidense. Para Washington, ese techo podría funcionar si se aplican restricciones a los seguros y otros servicios necesarios para el transporte del petróleo ruso.

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