De joven solía pedir un aventón y sobrevivió a un viaje con un asesino en serie; ahora cuenta su historia

Nota del editor: Esta historia contiene relatos perturbadores de violencia sexual.

(CNN) — Steve Fishman todavía era un adolescente cuando se encontró cara a cara con un asesino en serie.

A los 19 años pidió un aventón desde la casa de un amigo en Boston hasta Norwich, Connecticut, donde hacía prácticas en un periódico.

Fishman no estaba lejos de su destino y estaba sacando el pulgar cuando un hombre se detuvo en un sedán Buick verde, dijo que su nombre era «Red» y le pidió que subiera. El hombre parecía amigable y tenía una cabeza calva con mechones tenues de cabello rojo, probablemente la razón de su apodo.

Pero lo que Fishman descubriría más tarde era que el hombre albergaba un oscuro secreto: su nombre era Robert Frederick Carr III y era un asesino en serie que se aprovechaba de jóvenes que pedían un aventón.

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Tres años antes, Carr había violado y estrangulado a dos chicos de 11 años y a una chica de 16 que habían viajado con él en un vehículo por la zona de Miami. Cuando llevó a Fishman, este se encontraba en libertad condicional tras cumplir una condena por violación en Connecticut.

El viaje de Fishman duró sólo unos 15 minutos (Carr lo dejó ileso), pero sus recuerdos de aquel encuentro del otoño de 1975 lo persiguieron durante décadas.

Unos seis meses después, Carr fue arrestado por un intento de violación a una persona que pedía un aventón en el área de Miami y luego sorprendió a los detectives cuando confesó haber secuestrado y violado a más de una decena de personas y haber matado a cuatro de ellas. Edna Buchanan, la periodista policial de Miami ganadora del premio Pulitzer que escribió un libro sobre Carr, dijo una vez: «Era la persona más malvada que conocí».

Fishman quedó atónito cuando vio la foto de Carr en una alerta de noticias de último momento. Lo reconoció al instante como el hombre hablador que lo había llevado.

En retrospectiva, Fishman dijo que no se dio cuenta de varias señales de alerta importantes ese día. Primero, el pestillo de la puerta del lado del pasajero del sedán estaba atascado y Fishman tuvo que bajar la ventanilla y abrirla desde afuera. Y Carr mencionó casualmente que acababa de salir de prisión.

“Soy pasante en un periódico local y pensé: ‘Vaya, esa podría ser una buena historia sobre un tipo que sale de prisión y trata de reintegrarse a la comunidad’”, dijo Fishman a CNN. “Realmente no me detuve a pensar ni a preguntarle cuál era el delito. No tenía idea”.

Las violaciones y asesinatos de Carr en la década de 1970 fueron noticia y conmocionaron al país. Crédito: cortesía de Steve Fishman.

Casi cinco décadas después, Fishman y la hija de Carr, Donna, aún desentrañan preguntas persistentes sobre el pedófilo y asesino en una nueva temporada del podcast «Smoke Screen» titulada «Mi amigo, el asesino en serie».

En el podcast, exploran los brutales crímenes y engaños de Carr mientras revisan cintas de confesión, una caja con sus artículos personales de la prisión y horas de entrevistas con detectives.

Aunque su padre murió en una prisión de Florida en 2007, Donna todavía lucha con el oscuro pasado de su familia. Y Fishman todavía se pregunta cómo logró salir con vida del sedán de Carr.

Un trabajo en la carretera le dio la oportunidad de aprovecharse de las personas

En la década de 1970, hacer autostop se consideraba una forma segura de ir del punto A al punto B.

“Era un modo de transporte bastante habitual en aquel entonces”, dijo Fishman, quien, como pasante, dependía constantemente de desconocidos al azar para que lo llevaran a donde quería ir.

“Depende de dónde vivieras, se hacía mucho autostop. Era muy seguro, había mamás que me recogían haciendo autostop, con sus hijos en el asiento trasero con las compras”, comentó.

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Es posible que Carr haya jugado con esta creencia para llevar a cabo sus crímenes, que en su mayoría estaban dirigidos contra personas necesitadas de un aventón.

Carr, un reparador de televisores y vendedor de autos, vivía en Norwich con su mujer y sus dos hijos: Donna y su hermano menor. Pero viajaba por todo el país por motivos de trabajo y aprovechaba esa oportunidad para acosar a menores de edad. Casi todos sus delitos, que ocurrieron en la década de 1970, involucraban a menores de 18 años.

Robert Frederick Carr III analiza el asesinato de una mujer de Connecticut con un policía estatal en julio de 1976. Crédito: archivo Bettmann/Getty Images.

En 1972, Carr recogió a dos amigas de 11 años que hacían autostop, las violó y estranguló y luego las enterró en Louisiana y Mississippi. También recogió a una chica de 16 años y la llevó desde Miami a Mississippi antes de estrangularla. También estranguló a su cuarta víctima, Rhonda Holloway, de 21 años, poco después de su encuentro con Fishman y la enterró en Connecticut.

Más tarde, Carr llevaría a los investigadores a un viaje por todo el país para mostrarles dónde había enterrado a sus víctimas.

“Lo que les hizo a esos niños es verdaderamente impublicable”, dijo David Simmons, un detective involucrado en su arresto, en una entrevista en 2007. “En mis 33 años de carrera en la aplicación de la ley, Carr se ubica como el depredador sexual y asesino de niños más peligroso que investigué”.

La hija cambió su apellido para escapar de la sombra de su padre

Cinco décadas después, Donna aún vive a la sombra del terrible legado de su padre. Está casada, tiene otro apellido y le pidió a CNN que no revelara su nombre completo por razones de seguridad.

En una entrevista exclusiva con CNN, Donna describió entre lágrimas una adolescencia llena de acoso y bromas sobre tener un padre asesino en serie. De niña, apenas miraba a la gente a los ojos, dijo. Quienes la conocían la señalaban y hablaban de su padre en voz baja.

Donna asegura que se enteró por primera vez de las matanzas de su padre cuando tenía 12 años, pero no creyó que él fuera el monstruo que le habían retratado hasta que guió a la policía en un viaje por carretera para desenterrar a sus víctimas enterradas en Louisiana, Mississippi y Connecticut.

“Cuando aceptó llevar a los detectives a buscar los cuerpos, la negación ya no podía continuar. Se trataba de todo tipo de emociones que se le puedan ocurrir a una niña de 12 años”, comentó Donna, de 60 años, que ahora vive en Virginia Occidental. “Y ahí fue cuando comencé a retraerme”.

La hija del asesino en serie Robert Carr, Donna, en una fotografía sin fecha que él conservaba en prisión. Crédito: cortesía de Steve Fishman.

Hoy Donna tiene una hija de 27 años y teme que una conexión pública con su padre pueda llevar a una nueva ola de acoso hacia ella. Hace años que dejó de usar el apellido de su padre para usar su nombre de casada y le contó a su hija sobre su historia.

“Algunas veces en la vida, su nombre puede aparecer en cosas como verificaciones de antecedentes para empleos, etc.”, dijo Donna. “Crié a mi hija para que fuera muy madura y comprendiera las cosas. No quería mentirle”.

Donna dijo que desearía que la gente mostrara más compasión por los familiares de los asesinos convictos. Ellos también sufren, pero no se atreven a verbalizar su pérdida, dijo.

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“Nadie ve lo que pasa en la vida de esas personas con solo escuchar una noticia”, afirmó. “Son seres humanos y tienen sentimientos, se sienten heridos y sufren traumas. Y también son víctimas, pero en un sentido diferente”.

Le pregunta a un asesino por qué le perdonó la vida

Después de que los crímenes de su padre se hicieran públicos, Donna pasó gran parte de su adolescencia encerrada en su casa de Norwich con su madre. Pero un día Fishman, quien todavía era pasante en el periódico, llamó a su puerta después del arresto de su padre. Le rogó a la madre de Donna que le hiciera saber a Carr que el tipo al que había perdonado la vida meses antes quería visitarlo en la cárcel para una entrevista.

Fishman finalmente tuvo la oportunidad de entrevistar a Carr en prisión a mediados de la década de 1970 después de numerosos intentos.

En las horas de entrevistas grabadas en la cárcel, Carr nunca fingió ser un santo, dijo Fishman. Habló de cómo robaba vehículos y ofrecía sexo a hombres por dinero cuando era más joven. Confesó haber asesinado a sus víctimas y no parecía arrepentido en lo más mínimo, dijo Fishman.

Steve Fishman en una fotografía reciente. Después del arresto de Carr, entrevistó al asesino en prisión y le preguntó: «¿Por qué yo no?». Crédito: cortesía de Steve Fishman.

“Una de las preguntas que le hice fue: ‘¿Por qué yo no?’. Me parece una pregunta muy extraña, pero la hice. Básicamente, se encogió de hombros y dijo: ‘Pensé que eras demasiado grande’”, dijo Fishman.

El periódico de Fishman publicó su entrevista con Carr. Pero cuando Fishman creció, se casó y se convirtió en padre, comenzó a repensar el tono de su cobertura.

“Una entrevista con un asesino en serie fue una gran noticia. Fue una gran primicia periodística que realmente me encaminó hacia el periodismo. Y, sin embargo, era una historia en la que realmente no me gustaba pensar porque la hice cuando tenía 19 y 20 años, y tenía mucho miedo de en qué me había enfocado”, dijo Fishman.

Fishman dijo que cree que su conversación amistosa con Carr durante el viaje puede haber nublado su perspectiva y humanizado demasiado al asesino.

“Tenía mucho miedo de haber entendido mal la historia, de no haber comprendido o apreciado el horror de la misma”, afirmó. “En aquel entonces, lo veía como un problema social: ¿cómo tratamos a los criminales? ¿Cómo rehabilitamos a los violadores? Y se me escapó la absoluta depravación que implicaba”.

En parte, por eso Fishman profundiza en la historia en su podcast. Espera que, al comprender mejor a Carr, pueda corregir el relato desde un punto de vista más maduro y matizado.

“Me convertí en padre varias veces desde entonces. Pienso en el crimen y en las víctimas de otra manera”, dijo Fishman. “Y esa es la razón por la que fui a buscar a Donna”.

La respuesta a una pregunta que se planteó durante décadas: “Simplemente nació malvado”

Después de decidir hacer el podcast, Fishman le envió a Donna un mensaje de Facebook en el que se presentó. “Ella respondió de inmediato: ‘Me estuve preguntando qué te había pasado’”, dijo Fishman.

Resulta que Donna había pasado toda su vida intentando comprender a su padre. Se preguntaba: ¿Mataba a gente porque tenía una enfermedad mental y no tenía acceso a tratamiento psiquiátrico, como había escrito Fishman en una ocasión? ¿O era simplemente una persona malvada por naturaleza?

Había intentado comunicarse con Fishman a lo largo de los años e incluso había llamado al periódico de Norwich.

Pero la decisión de ser parte del podcast no fue fácil.

“Tenía dudas, porque realmente no he hablado mucho de eso. Muy pocas personas conocen esa parte de mi vida”, comentó. “Me llevó un tiempo tomar esa decisión, y luego decidí que si iba a hacerlo con alguien, sería con Steve”.

El sheriff Gordon Martin en una tumba poco profunda que contenía el cuerpo de Todd Payton, de 11 años, en junio de 1976 en la parroquia de St. James, Louisiana. Crédito: archivo Bettmann/Getty Images.

Donna dijo que cree que su padre había manipulado a Fishman, como lo hizo con todas las personas de su vida. Por eso, ella y Fishman acordaron reunirse en su granja de Virginia Occidental para comprender las complejidades de la historia desde un nuevo punto de vista.

Revisaron cajas llenas de objetos de Carr desde la prisión, incluidas cartas que Donna le había enviado a los 15 años. «Querido papá, te amo. Lamento no haberte escrito en tanto tiempo», decía una.

Su padre le respondió con cartas en las que la exhortaba a encontrar a Jesús. Afirmaba que él también lo había encontrado, pero también le enviaba cartas con insinuaciones sexuales, lo que la llevó a cortar la comunicación con él.

Donna le dijo a CNN que sabía que su padre era un monstruo, pero que se aferraba al sueño de la infancia de tener una familia nuclear. Entre sus estallidos de terror y enojo, había recuerdos felices de los viajes de campamento familiares y de la Navidad en la que su padre abrió un gran equipo de música que había comprado para la familia.

Donna dijo que las cartas inapropiadas de su padre finalmente le dieron la fuerza para romper los lazos con él. Pero eran tan desconcertantes que, según dijo, llamaba constantemente a la prisión para asegurarse de que no lo hubieran puesto en libertad condicional.

Un día, en el verano de 2007, se enteró de que ya no figuraba en la lista de presos y tuvo un breve momento de pánico, ya que pensó que lo habían liberado.

Pero una llamada a la prisión confirmó que su padre había muerto de cáncer de próstata. Tenía 63 años.

Sólo después de su muerte su sensación de paz comenzó a regresar lentamente.

Donna dijo que a pesar de su renuencia inicial, trabajar en el podcast fue una experiencia terapéutica que le dio una mejor idea de quién era su padre.

“A pesar de los muchos diagnósticos que recibió mi padre en cuanto a su estado mental (y fueron muchos), creo que simplemente nació malvado”, afirmó. Ella recibe terapia y espera avanzar en sanar.

“Durante muchos años lo mantuve todo en secreto. Simplemente lo reprimía todo”, comentó. “Fue agradable poder hablar de ello finalmente con libertad”.

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