Agustín “Soy Rada” Aristarán posa con su hija Bianca en su casa estilo pop art: la fama, la actuación y los ataques de pánico

Mago, humorista, músico, actor y, como si todo eso no fuera suficiente, apasionado por la carpintería. Así de versátil, talentoso e inquieto es Agustín Aristarán (40), conocido artísticamente como “Rada” o “Soy Rada”. A los 6 años, una caja de magia que recibió como regalo de Navidad le cambiaría la vida: con sólo 12 empezó a trabajar de mago en sus propios shows. Siempre curioso, durante su adolescencia incursionó en el malabarismo con fuego, a la par que viajaba desde Bahía Blanca a Buenos Aires para perfeccionar sus trucos y estudiar teatro. Así fue que a los 19 años Rada dejó su ciudad natal y se instaló en Buenos Aires, donde llegó a trabajar con Jorge Guinzburg en el exitoso ciclo Mañanas informales. Sin embargo, alcanzaría la popularidad recién en 2016 de la mano de las redes sociales, con los videos de comedia que grabó junto a su hija Bianca (18) y su pareja, la actriz y humorista Fernanda Metilli (39). Y, si bien su intención no era hacerse famoso, esos nuevos seguidores (hoy tiene 1,7 millones), likes y videos virales lo ayudaron a atraer al público a sus espectáculos, que ya no eran simplemente de magia, sino que incluían elementos teatrales, humorísticos y musicales.

Incansable, la faceta actoral de Agustín fue tomando cada vez más peso y la temporada pasada cautivó al público al interpretar a la severa y cruel directora Tronchatoro en Matilda, el musical, donde tuvo el placer de trabajar con su hija y con Fernanda, su novia. Su rol de Tronchatoro fue tan aclamado que la misma productora lo convocó para protagonizar School of Rock, el musical que estrena el próximo 20 de junio en el Teatro Gran Rex. “Es el mejor espectáculo que van a ver en sus vidas, y no porque esté yo. Es muy potente, una producción sin precedentes. La banda de los nenes es increíble, la historia que se cuenta es maravillosa y la escenografía es de otro planeta”, cuenta orgulloso sobre este nuevo proyecto.

–¿Cómo recordás tu debut a los 12 años con tus shows de magia?

–¡Increíble! De más chico había estado en un escenario con una banda de jazz de niños que tenía, pero cuando me presenté como mago fue especial, muy satisfactorio y es algo que me sigue pasando hoy. Ese día tenía mucho miedo y ganas de que se suspendiera todo, pero al cruzar la puerta imaginaria del escenario me sentí tan feliz que tuve muy claro que quería vivir de esto.

–Con la plata que ganabas, ¿te dabas tus gustos o colaborabas en tu casa?

–Me compraba zapatillas. Tengo un mambo con eso, soy la Mariana Nannis de las zapatillas. En mi casa, mi hermano era muy alto y sólo podía usar calzado de básquet, que en ese momento era importado y salía carísimo, y a mí me tocaban las zapatillas de lona. Había un trauma ahí. [Se ríe]. Pero además de darme ese gusto, guardaba plata para ahorrar y para reinvertir. En casa ayudaba cuando era necesario. En algún momento estuvimos ajustados de plata, nos remataron la casa y a mis viejos les costó mucho recuperarse de la crisis económica de los 90. Sin embargo, no nací en un hogar precario; siempre vivimos bien y nunca faltó para morfar.

–Cuando tenías 22 años nació tu hija Bianca y contaste alguna vez que desde chiquita te acompañaba a los shows. ¿Cómo eran esos momentos de padre e hija?

–Era muy hermoso que tuviera ganas de acompañarme. Siempre fue a pedido de ella, nunca la forcé. Bianca se subía al escenario, jugaba y yo me moría de amor. Pero era todo muy normal, si no estaba en el escenario, ella estaba a un costado durmiendo mientras yo o su mamá, que es violinista, laburábamos. Se crio en ese ambiente y a mí me emocionaba.

–Era prácticamente imposible que te dedicaras a otra cosa, Bianca…

Bianca: Desde chiquita me atrajo la danza, sobre todo la imagen de las bailarinas clásicas con el tutú y las zapatillas de puntas. Todo el mundo le preguntaba a mi mamá, que es violinista: “¿No le vas a dar a Bianca un violín?”. Y ella decía: “¡Pero si le gusta el ballet!”. Yo tenía un año y medio y perseguía a las bailarinas hasta el baño del teatro.

–También aparecías en los videos virales de tu papá en las redes sociales. ¿Cómo te llevabas con esa exposición?

Bianca: ¡Me encantaba! Cuando era chiquita miraba a las famosas y pensaba: “Qué lindo, yo quiero eso”. Mi meta no es ser famosa, pero el reconocimiento siempre me gustó, despierta una parte ambiciosa en mí que no sé si me gusta tanto contarla…

–Pero es un reconocimiento acompañado de trabajo y formación.

Bianca: ¡Obvio! De chica hice danza, comedia musical, y ahora estoy estudiando full time en la Universidad Nacional de las Artes. También tengo ganas de trabajar y planeo seguir con mi podcast, que se llama Tomalo con pinzas, y con mis redes sociales.

–Matilda, el musical fue tu debut teatral y también la primera vez que trabajaste con tu papá. ¿Cómo vivieron esa experiencia?

Bianca: ¡Fue una locura! El primer ensayo general con público fue increíble, ahí dije: “Es esto”. El grito de la gente me marcó profundamente. También fue lindo tener ahí cerca a personas en las que confío, como mi papá y Fer.

Agustín: Fue muy loco. A mí siempre me pasó eso de ver a padres e hijos actuando juntos y decir: “Un día Bianca va a ser grande y va a suceder esto”.

–¿Volverían a trabajar juntos?

Bianca: Sí, re, pero en un futuro. Ahora quiero hacer mi propio camino como artista.

Agustín: Yo recontra volvería a trabajar con mi hija porque aparte la admiro mucho, me parece muy talentosa y sensible. Pero también creo que tiene que hacer su camino, experimentar sus propios triunfos y sus frustraciones. Y, por supuesto, que si estira la mano voy a estar para ayudarla. De hecho, no tenemos el mismo representante, fue una decisión charlada y consensuada.

–Más allá de lo laboral, ¿cómo se llevan?

Bianca: ¡Re bien!

Agustín: Es una relación de mucha tranquilidad y confianza. Es muy divertida la vida que llevamos, como se puede ver en esta casa poco convencional. Yo soy joven y Bianca es grande, eso está buenísimo. Viajamos los dos solos desde que ella es chiquita. Al principio me acompañaba a las giras, y ahora viajamos para pasear y conocer lugares. Sé que me queda poco tiempo antes de que eso cambie, va a haber un momento en que no va a querer hacerlo más, pero después volverá de más grande y compartiremos un vino en Mendoza.

–Con la mamá de Bianca y la actual pareja de ella tienen un excelente vínculo, e incluso comparten festejos y viajes. ¿Cómo lograron construir esa familia ensamblada, de la que también forma parte Fernanda, tu novia?

–Con Noelia, la mamá de Bianca, nos queremos mucho y creemos que luego de estar juntos nos enamoramos de las personas correctas. Y creo que los dos tenemos muy bien trabajado el ego al igual que nuestras parejas. Por supuesto que hubo conflictos, si no, no nos habríamos separado, pero entendimos que nos teníamos que llevar bien por nuestra hija. Después encontramos que aparte de eso nos gusta compartir tiempo los cuatro; no es algo forzado, aunque al principio claramente lo fue. Hace poco pasé unos días en Disney con Bianca, su mamá, su padrastro y sus dos hermanos, y no lo hicimos para que ella estuviera contenta, porque ya tiene 18 años, lo hicimos porque la pasamos bien.

–Con Fernanda cumplieron diez años juntos. ¿Qué te enamora de ella como compañera?

–Creo que Fer y yo somos la misma raza, tenemos los mismos intereses y nos divertimos mucho. Siempre digo que, si fuera mujer, sería como Fernanda, y ella dice que, si fuera hombre, sería como yo. También tenemos un vínculo con mucha libertad, no en el sentido de tener una pareja abierta, pero no convivimos y está todo bien si un día uno dice: “Che, hoy no tengo ganas de estar o dormir con vos”. Eso lo aprendí con ella y es algo que, si el día de mañana estuviera con otra persona, no lo cambiaría por nada. También, Fer es muy buena con Bianca, y eso es fundamental.

–El año pasado tuviste que suspender un show porque te dio un ataque de pánico en escena. ¿Cómo hiciste para superar esa situación?

–Enseguida volví a terapia y empecé un tratamiento psicológico y psiquiátrico porque hace muchos años también tuve ataques de pánico y no quería pasar otra vez por eso. Hay que pedir ayuda porque es un sufrimiento muy profundo, hay que levantar la mano y decir “la estoy pasando mal”.

–¿Fue difícil seguir haciendo shows?

–Me quedaban dieciocho funciones y la pasé muy mal en todas. No tuve tiempo de frenar porque después empecé con los ensayos de Matilda. Algunos me costaron mucho, por eso está bueno enamorarse de la misma raza de uno, porque Fer supo contenerme al igual que Bianca, como un equipo.