Adriana Belmonte: “El duelo real por Lola empezó cuando encontraron al femicida”
A casi una década del femicidio de Lola Chomnalez, ocurrido en diciembre de 2014 en Barra de Valizas, Adriana Belmonte reflexiona sobre la transformación de su duelo tras la condena del responsable en 2022. La madre de la adolescente recordó que durante años vivió en un estado de alerta constante, donde la prioridad absoluta fue la investigación judicial y el reclamo de verdad. Al respecto, Belmonte señaló: ‘Cuando encuentran al femicida, yo creo que ahí realmente empezó el duelo real, el duelo por mi hija, por el vínculo, porque hasta ese momento era el caso Lola y era aportar cosas para la investigación’.
El impacto de la noticia y el posterior proceso de búsqueda fueron descritos por Belmonte como un periodo de desgarro donde la negación funcionó como un mecanismo defensivo. Al relatar el momento en que se le solicitó el reconocimiento del cuerpo, explicó con crudeza: ‘No quise reconocer el cuerpo de mi hija, no por negación, sino porque en ese momento sentí también mi propia muerte, sentí miedo’. Esta vivencia traumática dio paso a años de silencio y dolor profundo, donde incluso llegó a fantasear con que su hija seguía con vida, hasta que el trabajo terapéutico y el apoyo del entorno permitieron comenzar a integrar su pérdida.
Al profundizar sobre las herramientas que le permitieron sobrellevar el vacío cotidiano, Belmonte destacó la importancia de la escucha y de las pequeñas acciones de resistencia frente al dolor. El yoga y el ejercicio físico fueron pilares fundamentales para salir del ‘piloto automático’. La búsqueda de memoria también tomó formas simbólicas; desde la plantación de un árbol en el Parque Las Heras hasta la creación de grullas de papel y el inicio de un jardín de margaritas, la flor preferida de Lola. Sobre la importancia de mantener vivo el recuerdo, la entrevistada afirmó: ‘Me parece que está bueno ponerlo en palabras y me parece que fue tomando la forma de las palabras, de la evocación, del recuerdo, nombrarla’.
Actualmente, Adriana Belmonte acompaña a otras familias que transitan situaciones similares, una labor que define como modesta pero necesaria. Según explicó, su enfoque principal es ofrecer la escucha que ella misma necesitó. Ante la pregunta sobre cómo imaginarse el futuro, Belmonte mantiene conversaciones íntimas con su hija, contándole sobre sus proyectos y los viajes que Lola no pudo realizar. Pese a la herida imborrable, la madre concluyó que la felicidad aún encuentra su lugar en la convivencia con la ausencia: ‘Los momentos de felicidad encuentran su lugar, el duelo convive con momentos de alegría’.
