Colección Fortabat, una vasta e imperdible selección del mejor arte argentino
El patrimonio cultural de esta enorme (por cantidad y calidad) pinacoteca privada, abierta al público desde 2008 bajo el nombre institucional Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, representa una valiosa oportunidad para conocer a los más destacados artistas plásticos históricos y contemporáneos del país.

Aunque cada año entre 50.000 y 70.000 personas recorren sus extensos salones sorprendiéndose con el acervo y la multiplicidad de épocas, estilos y movimientos plasmados en sus obras, no es tan conocido para los porteños y los turistas. Quienes lo visitan suelen sorprenderse. Emociona contemplar piezas clásicas, modernas o contemporáneas con firmas famosas y otras quizás no tan notorias; pero también extraordinarias.

Por citar algunos… Prilidiano Pueyrredón, el referente del costumbrismo; Cesáreo Bernaldo de Quirós con las tradiciones criollas; Berni con Juanito Laguna y Ramona; Xul Solar con su universo místico; los icónicos arlequines de Emilio Pettoruti, la serie de Van Gogh que plasmó Carlos Alonso bajo el título El pintor caminante… o también cercanos en el tiempo con autores de la estatura de Nicolás García Uriburu, Juan Del Prete o Marcia Schvartz.

Al llegar al museo –pegado al dique de Puerto Madero que mira al Río de la Plata– la primera impresión es la atractiva arquitectura diseñada por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly con esa cubierta arqueada donde se articulan una docena de gigantes parasoles que tamizan el ingreso de luz natural. Hormigón, acero, vidrios y una plaza seca se asocian armónicamente con el entorno.
La segunda alegría visual es admirar David fragmentándose (desde Grecia hasta el Renacimiento y hasta hoy con amor), la escultura de Marta Minujín en el costado del Museo. Sí, a la vista de quienes pasan o pasean por la rambla del Dique 4 sobre Pierina Dealessi.

Y la tercera evidencia sucede ya en el interior y tiene que ver con la trascendencia pedagógica del tesoro plástico. Una mezcla de susurros o suave bullicio se hizo notable con la presencia de una treintena de adolescentes de un colegio acompañados de profesores. Sucede a diario en determinados horarios dado que el programa especial para escuelas funciona desde 2009 con contingentes de establecimientos primarios y secundarios, sean públicos (gratuito con inscripción previa) o privados.

Sencillamente identificada como “Colección Amalita”, 150 trabajos (de un acervo de 600) integran el nuevo guion diseñado por los curadores Leandro Martínez Depietri y Roberto Amigo. Se percibe que los lineamientos no tuvieron un propósito cronológico dado por fechas o tendencias, ni rígidos criterios académicos, sino que jugaron con asociaciones libres que motivan miradas diferentes, suspicacias, sentidos compartidos o complementarios. Aporte esencial fueron los préstamos de las pinacotecas de sus nietas Bárbara Bengolea y Amalia Amoedo y de su nieto Alejandro Bengolea, hoy continuada por sus hijos Sofía y Alejandro, bisnietos de la fundadora.»
Tratando de seguirles la articulación, podría decirse que hay una suerte de teatralización por la puesta en escena de diversos enfoques; pero inmersos en los mismos conceptos o en discusión entre los puntos de vista. Así, una pared está destinada a la serie bodegones que abarca desde el siglo XIX, con Cándido López, hasta la actualidad con Ricardo Garabito.

Un ejemplo. En el segundo subsuelo, en el contexto del relato “Espectro y tormenta” vemos una impactante instalación de Pablo Suárez (1937-2006) –cuestionadora de la realidad social, como siempre–, donde la figura de un ternerito está apoyada sobre una dramática alfombra: la piel entera de una vaca. Detrás, paradojal, se encuentra un óleo de Ángel Della Valle (1852-1903) con Indios con tropilla y bueyes. Distintas épocas, estilos y materiales en una escenificación que va más allá de lo campestre.
En tanto que el primer subsuelo -que acoge sobre todo la colección propia (y sigue un piso más abajo)-, tiene una generosa extensión de 90 m de largo, donde una de las paredes linda directamente con el agua del dique, con lo cual el pabellón tiene 1.000 m2 de planta libre, un despliegue inusual.
La continuidad de un bagaje fundamental
“Tenemos dividido el edificio en dos. Casi toda la colección permanente está en los subsuelos y las muestras temporarias en los pisos superiores, excepto dos salas que se cruzan para permitir que los visitantes transiten todos los ámbitos. Este guion se inició en noviembre con la particularidad de que quisimos afianzar la idea de legado de Amalita”, cuenta a LUGARES en director artístico de la institución, Germán Barraza.

“Para lograrlo –agrega el especialista–, invitamos a los herederos con sus patrimonios. Por esto se exponen obras de las nietas y de los bisnietos, con creadores excelentes como Marcelo Pombo, Guillermo Iuso, Cristina Schiavi, Antonio Berni, Cándido López… Los descendientes nos brindaron sus piezas para que los curadores generaran estos diálogos y estos discursos”.
Un dato para tener en muy en cuenta es que hasta finales de septiembre se mantiene el espacio titulado “Creencias y supersticiones de siempre. Historia de una exposición (1976-2026)”, un homenaje a la legendaria muestra que se hizo en 1976 en la Galería Carmen Waugh, que entonces se encontraba en Florida 948.

Barraza comentó al respecto: “Cuando Berni presentó la instalación de La Difunta Correa, invitó al singular y excéntrico Federico Manuel Peralta Ramos –un artista dadaísta, en otra dimensión– que participó con Tut Ank Amon. Fue una muestra que quedó en el imaginario del arte argentino”.

Agregó que para investigar convocaron al curador Rodrigo Alonso y se construyó una recreación con el gran cubo dorado. “Lo interesante fue que además se descubrió que hubo otros dos artistas involucrados en la exhibición: Pedro Roth, que fue el fotógrafo del afiche de la exposición y, sin dudas, el profesional fotógrafo de la época. Y apareció un personaje más, el que hacía de momia y se hacía llamar Ithacar Jalí; que no era su nombre real y era actor. Se lo ve en las fotos”.
“Otro de los sectores -refirió Barraza- contiene parte del patrimonio del reconocido curador Marcelo Pacheco, con varios artistas relevantes de los años 90: Mónica Girón, Elba Bairon, Alfredo Prior, Rosana Fuertes, Benito Laren, Román Vitali y Oscar Bony, entre ellos.”

También resalta el núcleo conceptual Telas americanas donde encontramos una realización de la artista wichí, contemporánea, Claudia Alarcón, que trabaja estilos de antaño, pero con motivos actuales. Y, claro, está Zamba, de Berni. A propósito de este genial maestro, “Domingo en la chacra, tiene un ámbito especial, exclusivo, para destacar su preponderancia. Si bien es un lienzo (en rigor, arpillera cosida y unida) siempre formó parte de la muestra permanente”, acotó el directivo del museo.

Pasando a lo internacional, entre tantas pinturas y esculturas vale resaltar grandes creadores como Auguste Rodin, Andy Warhol, J. M. William Turner, Salvador Dalí, Marc Chagall, Pieter Brueghel II, Jan Brueghel y Gustav Klimt, así como también generan mucha atracción piezas de Grecia y de varias dinastías de Egipto (que estuvieron exhibidas hasta abril en el Museo Nacional de Bellas Artes).
En el corto plazo la innovación para el público será el sistema de audioguías; mientras ya están trabajando en el cronograma de muestras temporarias para los siguientes dos años.

Vale citar que apenas se accede al área expositiva recibe a los visitantes un valioso retrato de Amalia Fortabat realizado por el estadounidense Andy Warhol, el máximo exponente del pop art. Un claro anticipo de que uno recorrerá una selección temática de una excelente herencia cultural.
Colección Amalita. Olga Cossettini 141, Puerto Madero. Jueves a domingos de 12 a 20 hs. Visitas guiadas para todo el público: viernes 17:30 hs y sábados a las 16 y 17:30 hs. Entrada general, $20.000. Residentes, $10.000. Ingreso sin cargo a menores de 12 años y, los jueves, a docentes, jubilados y estudiantes. Club La Nación 2 x 1. T: 4310-6600.
