Pruebas PISA 2025: la Argentina vuelve a caer y menos del 8% de los alumnos alcanza el nivel básico en todas las materias
Los resultados de la novena edición de las pruebas PISA revelan que, tras la histórica caída registrada en la edición de 2022 por el impacto de la pandemia, el aprendizaje global se ha estancado o continúa en descenso. El rendimiento promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en ciencias, lectura y matemática alcanzó su nivel histórico más bajo. En el caso de la Argentina, menos de uno de cada 12 alumnos alcanza el nivel básico en todas las materias
La caída promedio de la OCDE en la última década ha sido significativa: 7 puntos en ciencias, 22 en matemática y 28 en lectura. En la escala de PISA, una diferencia de 20 puntos equivale, en términos teóricos, a la pérdida de un año completo de aprendizaje, que representa el ritmo anual promedio de adquisición de conocimientos de los jóvenes de 15 años de los países participantes. Hoy, el 29% de los adolescentes de esa edad en la OCDE se ubica en niveles de bajo rendimiento en las tres áreas evaluadas en una escala que va del 1 al 6.
En contraste con este panorama, las economías asiáticas lideradas por Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang (identificadas bajo la sigla B-S-J-Z) y Singapur se consolidaron como los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo, alternándose los primeros lugares. El top ten se completa con Estonia, Japón, Corea, Macao (China), Chinese Taipei y el Reino Unido.
El informe publicado hoy advierte sobre un fenómeno crítico: la crisis de la lectura en la era de la inteligencia artificial. Las habilidades fundamentales para evaluar la confiabilidad de las fuentes, relacionar información proveniente de textos múltiples y desarrollar el pensamiento crítico mostraron un marcado deterioro. Al mismo tiempo, la proporción de “lectores apresurados”, estudiantes que recorren los textos de manera veloz y superficial, responden rápidamente y se equivocan con frecuencia, casi se duplicó entre 2018 y 2025.
El estudio también plantea que el mundo ya no está dividido entre países ricos con altos niveles educativos y países pobres con desempeños bajos. La riqueza explica apenas la mitad de las diferencias observadas entre los países. Las buenas políticas públicas y las decisiones acertadas sobre cómo invertir los recursos son mejores predictores del desempeño en PISA que el gasto por alumno. Luxemburgo, con una inversión de US$288.521 por estudiante, es por amplio margen el país que más destina a educación, pero obtuvo un puntaje promedio en ciencias inferior al de Irlanda, Francia e Italia, que invirtieron menos de la mitad de ese monto.
La Argentina a la baja
Los resultados de la Argentina en 2025 también confirman una tendencia de retroceso. Los puntajes promedio disminuyeron en comparación con las evaluaciones de 2022 y 2018 en las tres áreas troncales. En términos generales, el país se ubica en el bloque medio-bajo de América Latina, por detrás de Uruguay, Chile, Costa Rica, México, Colombia, Brasil y Perú, aunque por delante de El Salvador, República Dominicana, Paraguay y Guatemala.
El origen social de los hogares continúa condicionando el rendimiento escolar. En la Argentina, el índice socioeconómico y cultural explicó el 12% de la variación de los resultados en ciencias, en línea con el promedio de la OCDE.
Sin embargo, surgió un indicador positivo vinculado con la movilidad educativa. El 14% de los estudiantes desfavorecidos logró clasificarse como “resiliente académico”, es decir, se ubicó en el cuarto superior de rendimiento de su propio país. Esta proporción supera el promedio de la OCDE, que alcanza el 12%.
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) consiste en una prueba cognitiva de dos horas realizada por computadora, que busca medir los conocimientos y habilidades esenciales adquiridos por jóvenes de 15 años que hayan completado al menos seis años de escolaridad formal. Cada estudiante responde una combinación específica de materias. Las evaluaciones combinan preguntas de opción múltiple y respuestas abiertas, y utilizan un sistema adaptativo que ajusta progresivamente la dificultad según el desempeño inicial del alumno.
Las áreas evaluadas son lectura, matemática y ciencias. En cada edición una de ellas se selecciona como área principal para un análisis más profundo, mientras las otras dos funcionan como áreas secundarias. Además, se incorpora una cuarta disciplina innovadora. En 2025 fue “Aprendizaje en el mundo digital” (Learning in the Digital World, LDW), destinada a medir la capacidad de los estudiantes para utilizar herramientas digitales, interactuar con simulaciones y resolver problemas en entornos virtuales.
La excelencia académica en la Argentina resulta prácticamente inexistente. Casi ningún estudiante logró ubicarse en los niveles más altos de desempeño (niveles 5 y 6) en matemática, frente al 8% promedio de la OCDE, el 37% de Singapur y el 54% de las provincias chinas agrupadas bajo la sigla B-S-J-Z. En ciencias y lectura apenas llega al 1%.
Menos del 8% (7,8%) de los jóvenes de 15 años alcanza el umbral mínimo en las tres materias. Al mismo tiempo, la proporción de alumnos que no logra los niveles básicos aumentó respecto de las ediciones anteriores.
El panorama más crítico se observa en matemática. Solo el 24% de los estudiantes argentinos alcanzó el nivel básico de competencia, frente al 65% de la OCDE. Esto significa que tres de cada cuatro alumnos del país, el 76%, no pueden resolver operaciones matemáticas sencillas de la vida cotidiana. La proporción era del 73% en 2022 y del 69% en 2018.
La Argentina obtuvo 367 puntos en matemática, lo que la ubicó en el puesto 75 entre los 91 países participantes y en el octavo lugar entre los 13 países latinoamericanos incluidos en la evaluación. Frente a los 378 puntos obtenidos en 2022, el resultado representa una caída del 2,9%.
En la comparación regional, la proporción de estudiantes argentinos que no alcanzan el nivel mínimo en matemática es superior a la de Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú, México, Chile y Uruguay, aunque menor que la de Guatemala, Paraguay, República Dominicana, El Salvador y Ecuador.
“Los resultados obtenidos en matemática vuelven a ubicar a la Argentina entre las últimas posiciones de PISA 2025. Esto demuestra que muchos estudiantes de 15 años no pueden resolver ejercicios acordes a su edad, como calcular proporciones, aplicar una regla de tres simple o resolver ecuaciones básicas. Desde 2009 la Argentina empeora de manera sostenida en Matemática y esta vez no fue la excepción”, señaló Martín Nistal, director del Observatorio y coautor del informe ¿Cómo le fue a la Argentina en PISA 2025?.
En ciencias, apenas el 41% de los estudiantes argentinos alcanzó el nivel 2 o superior de competencia, frente al 74% promedio de la OCDE. Ese nivel constituye el umbral mínimo necesario para reconocer explicaciones científicas correctas ante fenómenos familiares. La proporción cayó un 5% respecto de 2022.
En lectura, solo el 40% de los jóvenes superó el nivel 2, lo que implica que el 60% no cuenta con las competencias mínimas para identificar la idea principal de un texto de extensión moderada. El promedio de la OCDE es del 69%. Solo el 1% alcanzó los desempeños más altos. La Argentina obtuvo 389 puntos, frente a los 401 de 2022, y quedó ubicada en el puesto 62 entre los 91 participantes y octava en América Latina.
“Los resultados de PISA 2025 confirman una tendencia que no podemos ignorar: ocho de cada diez estudiantes argentinos de 15 años no alcanzan los niveles mínimos en matemática y la caída también se observa en lectura y ciencias. Esto ocurre pese a señales alentadoras como la mejora reciente en lengua mostrada por Aprender 2025, lo que evidencia que los avances en un nivel educativo no alcanzan si no existe una estrategia sostenida a lo largo de toda la trayectoria escolar. El desafío es sostener esos esfuerzos y sumar un fuerte foco en matemática”, afirmó Víctor Volman, director ejecutivo de Argentinos por la Educación.
Alerta por la convivencia
La Argentina también encabezó indicadores preocupantes vinculados con la convivencia escolar. Presentó los niveles más altos de indisciplina de la región y uno de los mayores índices de impuntualidad. El 58% de los alumnos afirmó que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias, frente al 31% de la OCDE. Además, el 47% indicó que sus compañeros habitualmente no escuchan al docente y el 29% sostuvo que no se puede trabajar adecuadamente en clase.
El ausentismo, un problema que se profundizó tras la pandemia, alcanzó al 20% de los estudiantes. Es decir que dos de cada 10 admitieron haber faltado al menos un día completo de clases durante las dos semanas previas al examen. A su vez, el 66% declaró haber llegado tarde al colegio en ese mismo período, muy por encima del promedio de la OCDE, que se ubicó en el 50%.
El acompañamiento familiar también mostró retrocesos. La proporción de estudiantes que afirmó que sus padres les preguntan al menos una vez por semana qué hicieron en la escuela cayó del 67% al 62%. Las conversaciones sobre problemas escolares descendieron del 52% al 44%.
En la Argentina participaron 412 escuelas y 11.093 estudiantes, lo que permitió cubrir al 87% de los jóvenes de 15 años del país. En esta edición fueron evaluados 760.000 alumnos de 91 países y economías, de los cuales 38 integran la OCDE. América Latina estuvo representada por 13 países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay.
