Años de vida perdidos
La inseguridad vial es una realidad que se combate a nivel mundial. Muchos países, como el nuestro y otros de ingresos bajos y medios, enfrentan un subregistro de la siniestralidad que obliga a recurrir a modelos estadísticos que suplan los valores faltantes para el análisis.
La ONG Luchemos por la Vida difundió recientemente los resultados de un estudio de alcance internacional, recogiendo estadísticas de 204 países entre 1990 y 2023, para observar la evolución de la accidentología global. Estuvo a cargo de una red de investigadores del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, en Seattle, y la Universidad Nacional de Singapur.
Surge del informe que las lesiones de tránsito para 2023 ocasionaron 1.340.000 muertos en el mundo con un total de 75,3 millones de años de vida perdidos ajustados por discapacidad (AVAD), un indicador que suma los años perdidos por muerte prematura y los años vividos con discapacidad.
Al mirar la película, mientras los países de bajos ingresos no lograron modificar su situación, se observa que los países de ingresos altos sí pudieron reducir la mortalidad en más del 60% desde 1990.
Los investigadores distinguen dos factores principales que inciden sobre los resultados. Por un lado, la falta de legislación o su falta de aplicación en controles y sanciones. Por el otro, las limitaciones de infraestructura y de posibilidades de atención médica emergentológica en el post siniestro.
Según Luchemos por la Vida, nuestro país tiene cinco veces más muertes por cada millón de habitantes y 11 veces más mortalidad en el tránsito que los 10 países probadamente más seguros. Las cifras provisorias para 2025 indican un total de muertos en la Argentina de 6248, esto es un promedio diario de 17 fallecidos, con muchas más víctimas de secuelas físicas y psicológicas permanentes, familias destruidas y millones de dólares de pérdidas materiales. En 2025 habían sido 5908.
La licenciada María Cristina Isoba, presidenta de Luchemos por la Vida, destacó que “el problema, de acuerdo con la experiencia local, no es solo un tema de recursos económicos, sino también, la decisión política de a quién y para qué se destinan los recursos, cuando estos llegan”.
Durante muchísimo tiempo, la principal forma de transporte se asoció a la tracción a sangre, hoy mucho más limitada y mayormente utilizada fuera de los ámbitos urbanos. Lamentablemente, hoy la sangre en materia de transporte refiere a los siniestros viales, causa principal de la mortalidad de niños y jóvenes a nivel mundial.
Ante la gravedad del problema, los gobiernos de todo el mundo se sumaron a la celebración del Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial (2021-2030) dispuesto por la ONU para reducir la siniestralidad. No basta con una adhesión formal. Queda mucho por hacer, con planes audaces, realistas e integrales que involucren activamente a todos los agentes responsables de esta dolorosa realidad que se roba millones de vidas.
