“Me llevó puesto”. El argentino que sobrevivió al atentado en La Rambla de Barcelona donde murieron 13 personas
Nueve años después, Pablo Abecasis todavía mide sus movimientos antes de salir de su casa. Evita las multitudes, entra al supermercado cuando hay poca gente y, si un ruido lo sorprende, su cuerpo puede reaccionar antes que su cabeza. “No soy la misma persona que era antes”, dice.
Su vida se quebró en dos la tarde del 17 de agosto de 2017, cuando trabajaba en un quiosco de La Rambla de Barcelona y una furgoneta manejada por un terrorista irrumpió entre la multitud y mató a 13 personas.

De Ramos Mejía a Barcelona
Pablo Sebastián Abecasis tiene 45 años y es de Ramos Mejía. En el 2007 decidió, junto a su pareja, mudarse a Barcelona. “La situación del país, cómo estaba todo, hizo que me viniera para acá”, recuerda. En la Argentina trabajaba en locales y, en España, consiguió empleo bastante rápido. Primero fue encargado de un restaurante y, algunos años después, empezó a trabajar en uno de los quioscos de La Rambla.
-¿Dónde estaba el quiosco?
-En La Rambla, cerca de la fuente de Canaletas, el lugar donde los hinchas del Barça festejan los títulos. Era el segundo quiosco empezando desde Plaza Catalunya. Vendíamos prensa, regalos, postales, imanes… Como hay muchísimo turista, lo que más se vendía eran los regalos.
La Rambla va desde Plaza Catalunya hasta el puerto, con un amplio paseo peatonal en el medio. Bajo los árboles hay quioscos, puestos y comercios. A toda hora circulan turistas, grupos de estudiantes, vendedores y vecinos. Pablo llevaba cinco años trabajando ahí y conocía ese movimiento de memoria. Por eso todavía recuerda como extraño que aquella tarde todo pareciera más calmo de lo habitual.
El 17 de agosto de 2017
-¿Qué recordás de ese día?
-Prácticamente recuerdo todo lo que pasó. Ese día hacía calor. En Barcelona, en esta época, hace muchísimo calor. Y yo sigo pensando que fue algo raro porque La Rambla siempre está llena y en ese momento estaba todo calmo. Sentí un ruido, miré hacia la izquierda y vi una furgoneta que subía a la vereda. Fue todo muy rápido. La gente empezó a apartarse. Por ahí solían pasar camionetas de reparaciones, así que al principio no me pareció algo tan extraño. Pero, de pronto, empezó a agarrar velocidad y se vino directo hacia donde estaba yo. Alrededor del quiosco había ocho o diez exhibidores con llaveros, imanes, postales y recuerdos. Cuando vi que la furgoneta se acercaba, empecé a gritarle a la gente que se corriera… Recuerdo que había unas nenas jugando en el suelo, chicos alrededor y gente comprando. En ese momento habría unas veinte alrededor del quiosco. Cuando la furgoneta se vino encima, todos intentaron meterse adentro. Yo también quise entrar, pero la puerta estaba colapsada. Quedé afuera, justo del lado por donde venía la camioneta… Entonces salí corriendo. Intenté meterme al quiosco por uno de los costados, pero un hombre me empujó hacia el lugar por donde venía la furgoneta. Cuando giro, ya la tenía encima. Veo los exhibidores que empiezan a volar… Había una mujer al lado mío. La atropelló primero a ella y enseguida me llevó puesto a mí.

El impacto
-¿Cómo fue el momento en que la furgoneta te alcanzó?
-No me dio tiempo a nada. Me pegó de costado, del lado izquierdo. Me pegó tan fuerte que volé contra el parabrisas. En un acto reflejo, puse los brazos para protegerme. Pegué con los dos codos y con la cabeza contra el cristal. Como venía muy rápido, salí despedido hacia arriba. Me acuerdo de haber visto toda la parte de arriba del quiosco… Y cuando caí, caí como si te tiraras de bomba a una pileta, golpeé con toda la zona lumbar contra el suelo. Intenté poner las manos para amortiguar el golpe, pero no llegué. Caí de espalda y el impacto me reventó toda esa zona.
-¿Qué pasó con la furgoneta?
-Siguió. Aplastó a la mujer que estaba al lado mío, quedó tirada cerca del semáforo. Y después siguió llevándose puesto todo: carritos de bebé, gente… Son milésimas de segundo, pero recuerdo todo. Vi a una mujer corriendo con su bebé en un carrito y de pronto salió volando… La camioneta siguió varias calles, a toda velocidad, atropellando personas.

Los primeros minutos después
El ataque ocurrió alrededor de las 17 de ese 17 de agosto. Younes Abouyaaqoub condujo una furgoneta por el paseo central de La Rambla y atropelló deliberadamente a quienes encontraba a su paso. El atentado formó parte de una serie de ataques cometidos por una célula yihadista radicada en Ripoll, que continuaron horas después en Cambrils (nordeste de España). En total, los atentados dejaron 16 muertos y centenares de heridos. Abouyaaqoub logró escapar y fue abatido por los Mossos d’Esquadra cuatro días después.
-¿Qué pasó cuando quedaste en el suelo?
-Me arrastraron y me llevaron hasta la puerta del quiosco. Vino un policía. En ese momento se decía cualquier cosa, que había atacantes metidos en un restaurante y cosas así. No recuerdo exactamente qué me dijo. Me ayudaron y me metieron dentro de un hotel. Pero ahí no podía ni moverme. Estaba tirado en el suelo y la gente ni siquiera me ayudaba a levantarme. Al rato, como pude, me reincorporé y salí caminando. Vinieron dos compañeros que estaban cerca, me buscaron y me ayudaron a tomar un taxi para ir hasta el hospital.
-¿Fuiste al hospital en taxi?
-Sí, porque las ambulancias pasaban de largo. No se sabía bien qué estaba pasando más adelante.

-¿Qué lesiones tenías?
-No tenía fracturas, tenía contusiones. No recuerdo demasiado porque me dieron algún calmante o algo por vena. Por momentos me despertaba y no entendía bien qué había pasado. Estuve internado unas horas, pero me fui. No tenía a nadie conmigo en ese momento, no tenía ningún apoyo psicológico ni nada. Lo único que quería era llegar a mi casa.
Volver al mismo lugar
Con el tiempo, las consecuencias del atentado empezaron a aparecer tanto en el cuerpo como en la vida cotidiana. Pablo asegura que el atentado le dejó dos hernias cervicales y tres lumbares y que durante años debió discutir con médicos, peritos y aseguradoras sobre si esas lesiones eran consecuencia directa del ataque.

-Volviste a trabajar al mismo quiosco.
-Sí. Volví porque la psiquiatra y la psicóloga, para intentar superar el trauma, me hacían pasear por La Rambla y me hacían trabajar. Pero cada vez que escuchaba un ruido me tiraba al suelo. Me agarraba un ataque de ansiedad o de pánico y salía corriendo.

-En estos días se cumplen nueve años del atentado. ¿Cómo estás hoy?
-No salgo casi a la calle. No trabajo, me cuesta dormir… Tomo mucha medicación. Tengo secuelas psicológicas y físicas. Me da miedo salir de mi casa, estar entre mucha gente. Si voy al supermercado a una hora en la que hay mucha gente, me agarran ataques de pánico. Salgo y me desespero. Necesito volver a mi casa.
Pablo vive en Nou Barris, a unos veinte minutos del centro de Barcelona. Actualmente, recibe una ayuda estatal. Cuenta que inició distintos reclamos judiciales vinculados con las consecuencias del atentado y que perdió la mayoría. “Me reconocen que tengo problemas psicológicos y físicos, pero me dicen que hoy estamos en otra época, que podés trabajar con una computadora desde tu casa”, asegura.
-¿Qué sentiste en todos estos años respecto de la respuesta que recibiste?
-Un abandono total. Estuvieron casi un año para hacerme una resonancia. La mutual que tenía por el trabajo se negaba a atenderme diciendo que, como había sido un atentado, no les correspondía. Terminé yendo al CAP, el Centro de Atención Primaria de mi barrio. Ahí una médica me ayudó. Se tomó el tiempo de revisar el convenio de la empresa y vio que no decía nada que excluyera los atentados. Entonces la mutual tuvo que retractarse y atenderme. Pero después tuve otros problemas. Sentía que me trataban mal. Todo se volvió muy difícil.

“No me imagino nada”
En 2021, la Audiencia Nacional condenó a Mohamed Houli Chemlal, Driss Oukabir y Said Ben Iazza, tres miembros de la célula yihadista vinculada a los atentados de Barcelona y Cambrils, aunque ninguno fue juzgado como autor material de los asesinatos de La Rambla y Cambrils, ya que los principales responsables habían muerto.
En 2023, el Tribunal Supremo confirmó las condenas de 43 años de prisión para Mohamed Houli Chemlal y de 36 para Driss Oukabir por su participación en la célula yihadista y en la preparación de explosivos. Sin embargo, no los responsabilizó por los 16 asesinatos cometidos en La Rambla y Cambrils. En el caso de Said Ben Iazza, redujo su condena de ocho años a 18 meses.

Antes del atentado, Pablo cuenta que salía, iba a la playa y disfrutaba de caminar por la montaña. Ahora incluso meterse al agua puede provocarle desesperación. “Todo el mundo, mis amigos y mi familia, me dicen: “Saliste con vida y lo podés contar”. Yo no lo veo así. No soy la misma persona que era antes», dice.
