Piden al Papa Francisco la beatificación de un guerrero samurái

Era noble pero prefirió renunciar a sus bienes, vivir en la pobreza primero y ser desterrado después, antes que renunciar a su fe católica.

 

Takayama nació en 1552, tres años después la llegada del introductor del cristianismo en Japón, el misionero jesuita San Francisco Javier (1506-1552). Cuando tenía 12 años, al convertirse su padre al catolicismo, Takayama fue bautizado con el nombre de Justo.

Conocido como el "samurái de Cristo", Justo Takayama Ukon fue un guerrero valiente, un gran evangelizador y un político honrado.

Así lo describe un artículo del sitio Religión en Libertad: "Dirigió ejércitos, pero intentó limitar la pérdida de vidas; se trató con los más poderosos, pero se mantuvo siempre independiente a las presiones y fiel a su conciencia. Fue un señor feudal, que prefirió abandonar su feudo a abandonar a su Señor"

Ahora, si la Congregación para las Causas de los Santos aprueba la causa de beatificación presentada por la Compañía de Jesús, este samurai del siglo XVI podría llegar a los altares por su fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Por las circunstancias de su muerte, ocurrida en el exilio y atribuida a la debilidad y la enfermedad tras años de vivir en la pobreza, podría incluso ser declarado mártir.

El Postulador General de la Compañía de Jesús, padre Anton Witwer, dijo que el samurai Ukon, "murió en el exilio a causa de la debilidad causada por los maltratos que sufrió en su tierra natal" y explicó que si es aceptado como un mártir, no necesitaría un milagro para ser beatificado. La vida de Takayama es un ejemplo de "gran fidelidad a la vocación cristiana, que perseveró a pesar de todas las dificultades", agregó Witwer.

La palabra samurái designa en general a los miembros de la clase guerrera que dirigió el Japón feudal durante casi 7 siglos. Los Takayama eran daimio, es decir, señores feudales que secundaban a los shogunes en la época medieval y comienzos de la edad moderna en Japón. Poseían varias propiedades y tenían derecho a formar ejércitos.

Los Takayama pusieron su fortuna y posición social al servicio de los misioneros y actuaban por lo tanto como protectores de los cristianos y de los padres jesuitas. Ukon se encontraba al frente del feudo de Akashi, que recibió en recompensa por sus servicios militares, donde en poco tiempo 2.000 personas se convirtieron a la fe que él profesaba. Fue un fiel servidor de los shogunes Obunaga e Hideyoshi, que unificaron el Japón.

Pero en 1587, cuando el samurái tenía 35 años, la tolerancia hacia el cristianismo llegó a su fin. Hideyoshi, el shogun que salió triunfante de las luchas internas y se erigió como Canciller del Japón, no sólo quería un país unido, sino absolutamente homogéneo bajo su mando. Por lo tanto, inició una persecución contra los cristianos, expulsando misioneros y forzando a los católicos japoneses a abandonar la fe. En 1597, el Canciller ordenó la ejecución de 26 católicos japoneses y extranjeros que fueron crucificados el 5 de febrero.

Por un tiempo sin embargo, algunos nobles, Takayama entre ellos, pudieron demorar o esquivar las presiones y proteger a sus vasallos cristianos.

Pero unos años después, en 1614, el nuevo shogun Tokugawa lanzó la prohibición total del cristianismo. Muchos daimio se resignaron a renunciar al catolicismo, en cambio Takayama y su padre optaron por abandonar sus tierras y honores.

Como Takayama no quiso luchar contra otros cristianos, tuvo que resignarse además a una vida pobre, dado que el samurái que no obedecía a su señor, lo perdía todo. Ukon había desafiado al shogun: "No voy a luchar con armas o espadas, sólo tendré paciencia y fe de acuerdo con las enseñanzas de mi Señor y Salvador, Jesucristo".

"Un modelo para los políticos de hoy"

"Eligió la pobreza para ser fiel a la vida cristiana y durante años, vivió bajo la protección de amigos aristocráticos, llevando así una vida digna, explicó el Postulador jesuita. Era un noble, una persona conocida". Muchas personas trataron de convencer a Takayama de renegar de su fe, pero él se negó a dejar de la Iglesia y persistió en su decisión de vivir como un cristiano hasta la muerte.

En 1614, a los 62 años, Takayama fue al exilio liderando un grupo de 300 católicos japoneses que partieron a las Filipinas, entonces territorio español, y se establecieron en la capital, Manila.

Takayama murió poco después, el 4 de febrero (había llegado en diciembre). Recibió un funeral español con honores militares. En una plaza de Manila se levanta una escultura que recuerda a Ukon Takayama, el "samurai de Dios", con la cruz en sus manos.

La Conferencia Episcopal Japonesa presentó al Vaticano un expediente de 400 páginas para la beatificación de Takayama el año pasado. La Iglesia nipona querría verlo beatificado en 2015, cuando se cumplirán los 400 años de su muerte en Filipinas.

Según el padre Anton Witwer, quien también preside el Instituto de Espiritualidad Ignaciana en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, los Takayama influyeron en la conversión de decenas de miles de personas en el país.

"Para el postulador de la causa, el padre Kawamura, este daimio puede ser un modelo para los políticos actuales, porque vivió en un entorno hostil, de políticas siempre cambiantes, pero 'nunca se dejó extraviar por los que lo rodeaban y vivió una vida según su conciencia, de forma persistente, una vida adecuada para un santo, que sigue dando ejemplo a muchos hoy", sostiene Religión en Libertad.

En Japón los lugares en los que vivió, luchó y rezó son sitios de peregrinaje para los católicos.